La difusión global de las ideas comunistas y su impacto en campesinos y trabajadores

 

The global spread of communist ideas and their impact on peasants and workers

 

Salomé Buitrago Fernández1

1Universidad de Panamá, Facultad de Panamá, Centro Regional de Veraguas, salome.buitrago@up.ac.pa, https://orcid.org/0000-0001-7155-6418, Panamá.

 

 

Información del Artículo

 

RESUMEN

 

 

Trazabilidad:

Recibido 06-12-2025

Revisado 07-12-2025

Aceptado 01-01-2026

 

 

El presente estudio analiza la difusión global de las ideas comunistas y su impacto en campesinos y trabajadores a lo largo del siglo XX, desde una perspectiva histórico-documental. A partir de la Revolución rusa de 1917 y del desarrollo del marxismo-leninismo, se examina cómo estas corrientes ideológicas ofrecieron a los sectores populares un marco teórico para comprender la explotación laboral y la desigualdad agraria. Este aporte documental destaca el papel del materialismo histórico en la formación de la conciencia de clase, así como la función de los partidos comunistas y de la Internacional Comunista en la organización y movilización de movimientos campesinos y obreros en Europa, Asia y América Latina. El análisis comparado revela que el comunismo contribuyó significativamente a la articulación política del campesinado y del movimiento obrero, promoviendo demandas de reforma agraria, derechos laborales y justicia social. Sin embargo, el estudio también señala el carácter ambivalente de estos procesos, ya que en los países donde el comunismo se institucionalizó, las transformaciones sociales estuvieron acompañadas de prácticas de control estatal y coerción. La investigación concluye que la difusión del comunismo reconfiguró de manera profunda la identidad, la organización y las luchas de campesinos y trabajadores, dejando un legado histórico complejo y contradictorio que continúa influyendo en las dinámicas políticas contemporáneas.

 

Palabras Clave:

Comunismo

Campesinado

Movimiento obrero

Lucha agraria

Organización política

 

 

Keywords:

Communism

Peasantry

Labor movement

Agrarian struggle

Political organization

 

ABSTRACT

This study analyzes the global spread of communist ideas and their impact on peasants and workers throughout the 20th century from a historical-documentary perspective. Beginning with the Russian Revolution of 1917 and the development of Marxism-Leninism, it examines how these ideological currents offered the popular sectors a theoretical framework for understanding labor exploitation and agrarian inequality. This documentary contribution highlights the role of historical materialism in the formation of class consciousness, as well as the role of communist parties and the Communist International in the organization and mobilization of peasant and worker movements in Europe, Asia, and Latin America. Comparative analysis reveals that communism contributed significantly to the political articulation of the peasantry and the labor movement, promoting demands for agrarian reform, labor rights, and social justice. However, the study also points out the ambivalent nature of these processes, since in countries where communism became institutionalized, social transformations were accompanied by practices of state control and coercion. The research concludes that the spread of communism profoundly reconfigured the identity, organization, and struggles of peasants and workers, leaving a complex and contradictory historical legacy that continues to influence contemporary political dynamics.

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

El impacto de las ideas comunistas en los campesinos y trabajadores constituye uno de los fenómenos sociopolíticos más significativos del siglo XX. Desde la Revolución rusa de 1917, cuyo desarrollo fue ampliamente documentado en Historia del Partido Comunista (Bolchevique) de la URSS (1939), la difusión del marxismo-leninismo transformó profundamente la comprensión de las desigualdades estructurales y proporcionó a los sectores populares un marco teórico para interpretar la explotación laboral y la concentración de la tierra. El triunfo bolchevique demostró que la movilización organizada podía alterar un orden social basado en la desigual distribución de la riqueza y del poder, hecho que resonó con especial intensidad en regiones caracterizadas por el latifundismo y la precariedad agrícola.

El marxismo, tal como lo formularon Karl Marx y Friedrich Engels en El Manifiesto Comunista (1848) y El Capital (1867), ofreció un análisis riguroso del funcionamiento del capitalismo y de la relación histórica entre burguesía y proletariado. Su concepto de materialismo histórico explicaba que las transformaciones sociales no derivan de ideas abstractas, sino de las contradicciones entre fuerzas productivas y relaciones de producción. Este enfoque, retomado posteriormente por Lenin y sistematizado en ¿Qué hacer? (1902), otorgó al campesinado y a los obreros una interpretación científica de la desigualdad y los convirtió en sujetos históricos capaces de producir cambios.

A escala global, la influencia del comunismo se expresó también a través del internacionalismo promovido por la Tercera Internacional (Comintern), creada en 1919 para coordinar movimientos revolucionarios en distintos continentes. Obras como La Internacional Comunista de Carr (1951) documentan cómo esta organización articuló redes de sindicalistas, estudiantes, obreros agrícolas y pequeños campesinos, proporcionando orientación política, programas de formación y estrategias de lucha (Jeifets & Jeifets, 2015). Este proceso permitió que las ideas marxistas se adaptaran a contextos culturales y geográficos diversos sin perder su esencia crítica frente a la explotación.

En Asia, la revolución china liderada por Mao Zedong consolidó la idea del campesinado como actor revolucionario, ampliamente analizada en Sobre la contradicción (1937) y La revolución china y el Partido Comunista de China (1939). La experiencia china demostró que, lejos de ser una masa pasiva, el campesinado podía convertirse en vanguardia política cuando existían condiciones de opresión agraria y ausencia de derechos. En América Latina, procesos como las luchas agrarias mexicanas, las Ligas Camponesas de Brasil y los movimientos colombianos y chilenos se desarrollaron bajo la influencia de organizaciones comunistas, tal como señalan estudios de Eric Hobsbawm (Rebeldes primitivos, 1959) y de James Petras (Sociología del movimiento campesino latinoamericano, 1971) (Bajaña, 2016).

En el plano laboral, el comunismo impactó profundamente la organización sindical. Investigaciones como Historia del Movimiento Obrero Internacional de Danilov (1960) muestran que los partidos comunistas no solo impulsaron huelgas, sino que promovieron reformas como la jornada de ocho horas, el derecho a la sindicalización y la creación de códigos laborales protectores. Esto convirtió al movimiento obrero en un componente legítimo de la lucha por la justicia social, articulado en torno a un discurso político que combinaba teoría, práctica organizativa y resistencia frente a estructuras empresariales concentradas.

La difusión global de las ideas comunistas marcó profundamente la historia política y social del siglo XX, especialmente en las clases trabajadoras y campesinas (Hobsbawm, 1994). Surgidas como una crítica radical al capitalismo industrial y a las desigualdades sociales, estas ideas ofrecieron una visión de una sociedad sin clases, basada en la propiedad colectiva de los medios de producción. A través de partidos políticos, sindicatos, organizaciones obreras y movimientos campesinos, el comunismo se convirtió en una bandera de lucha para millones de personas que sufrían explotación, pobreza y falta de derechos

Desde finales del siglo XIX, el marxismo se expandió más allá de Europa gracias a la traducción de textos, al trabajo de militantes y a los procesos de industrialización y colonización (Hobsbawm, 2011). En muchos países, las condiciones de vida de obreros y campesinos; largas jornadas laborales, bajos salarios, ausencia de tierra propia, crearon un terreno fértil para la recepción de las ideas comunistas. En este contexto, el comunismo no solo fue una teoría económica, sino también una promesa de justicia social y emancipación para los sectores más oprimidos de la sociedad (Eley, 2002).

En el mundo rural, especialmente en Asia y América Latina, el comunismo se vinculó con la lucha por la tierra y contra los grandes terratenientes (Hobsbawm, 1973). Muchos campesinos fueron atraídos por propuestas de reforma agraria, colectivización o reparto de tierras, entendiendo el comunismo como una vía para acceder a recursos básicos y mejorar sus condiciones de vida. En las ciudades, los trabajadores industriales encontraron en las organizaciones comunistas un espacio para exigir mejores salarios, jornadas laborales más humanas y derechos laborales y sindicales.

Sin embargo, la expansión de las ideas comunistas también generó resistencias, conflictos y profundas divisiones políticas (Applebaum, 2012). Gobiernos, élites económicas e incluso otros sectores populares rechazaron o temieron los cambios propuestos por los movimientos comunistas, lo que dio lugar a persecuciones, golpes de Estado y guerras civiles en distintos países. A pesar de estas tensiones, el impacto del comunismo sobre campesinos y trabajadores fue innegable: transformó sus formas de organización, sus demandas y su conciencia política, dejando una huella duradera en la historia contemporánea.

Tomando como base este marco global y las evidencias documentales, el objetivo central de este trabajo es analizar cómo las ideas comunistas influyeron en la conciencia, organización y movilización de campesinos y trabajadores a nivel internacional.

 

MATERIALES Y MÉTODOS

 

El presente estudio se desarrolló bajo un diseño documental, sustentado en la revisión, análisis e interpretación crítica de fuentes primarias y secundarias relacionadas con la influencia global del comunismo en campesinos y trabajadores. El enfoque documental se fundamenta en la comprensión de fenómenos históricos y sociales a partir de la recopilación sistemática de registros escritos, siguiendo los criterios planteados por autores como Arias (2012) para estudios basados en fuentes textuales. Este método resulta pertinente debido a la naturaleza histórica e ideológica del tema, en el cual la evidencia relevante se encuentra principalmente en documentos, tesis, estudios históricos, manifiestos y literatura especializada.

Se incorporaron fuentes históricas y teóricas de referencia internacional, entre las que destacan El Manifiesto Comunista (Marx & Engels, 1848), Historia del Partido Comunista (Bolchevique) de la URSS (1939), ¿Qué hacer? de Lenin (1902), así como obras analíticas de Carr (1951), Hobsbawm (1959), James Petras y Danilov (1960). Estas fuentes fueron seleccionadas por su aporte a la comprensión del marxismo, la lucha de clases, el papel del campesinado en los movimientos revolucionarios y la configuración del movimiento obrero en distintos continentes. La inclusión de documentos de carácter teórico e histórico permitió contrastar casos, identificar patrones globales de movilización y analizar la coherencia entre los discursos comunistas y sus efectos sociales.

El procedimiento metodológico consistió en la revisión exhaustiva de las fuentes, su clasificación temática y la identificación de categorías analíticas como explotación rural, conciencia de clase, organización política, lucha por la tierra, movimientos obreros, vanguardia partidaria y educación ideológica. Posteriormente, se realizó un proceso de análisis comparado entre las experiencias descritas en el archivo panameño y los procesos internacionales documentados en la bibliografía. Esta técnica comparativa permitió establecer semejanzas, divergencias y relaciones de influencia directa o adaptada entre los movimientos campesinos del hemisferio occidental y los desarrollos del comunismo en Europa y Asia.

El análisis siguió un enfoque hermenéutico y crítico, en el que los documentos se interpretaron considerando su contexto de producción, sus fundamentos ideológicos y su relevancia para comprender las prácticas organizativas de campesinos y trabajadores. Este enfoque posibilitó revelar la forma en que las ideas comunistas no solo fueron transmitidas, sino reinterpretadas y apropiadas según las condiciones sociopolíticas de cada país. Se integraron los hallazgos en una narrativa analítica coherente que articula evidencia documental, teoría política y explicaciones históricas de largo alcance.

 

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

 

Marxismo, materialismo histórico y la configuración de la conciencia de clase

El análisis documental permitió identificar que el marxismo influyó decisivamente en la formación de la conciencia de clase en campesinos y trabajadores debido a su explicación estructural de las desigualdades sociales. El materialismo histórico, planteado por Marx y Engels, proporcionó una lectura científica del origen de la explotación, ubicando a campesinos y obreros como clases subordinadas dentro de la lógica del capital (Marx et al., 2023). Esta visión contrastaba con las explicaciones tradicionales que atribuían la pobreza a características individuales o morales.

Los documentos analizados evidencian que la comprensión del conflicto entre fuerzas productivas y relaciones de producción permitió a los sectores populares interpretar su situación como parte de un proceso histórico y no como un destino natural. Este hallazgo coincide con la tesis de que la conciencia de clase surge del reconocimiento de la posición estructural que se ocupa en el sistema económico, tal como fue expuesto en El Capital (1867). La apropiación de estas ideas facilitó la articulación de discursos de resistencia colectiva.

El marxismo introdujo un lenguaje político que ayudó a trabajadores y campesinos a identificar a la burguesía y a los terratenientes como clases dominantes responsables de la explotación. Esta identificación fortaleció la cohesión interna y generó procesos de organización basados en la solidaridad de clase.

Se identificó que la teoría marxista promovió la idea de que la transformación social no podía depender de reformas progresivas, sino de la acción revolucionaria de las masas trabajadoras. Este principio, recogido por Lenin (1901) en ¿Qué hacer?, influyó tanto en movimientos obreros industriales como en organizaciones campesinas. Los documentos internacionales revisados demuestran que esta visión radical fue un motor de movilización en Asia, Europa del Este y América Latina.

El materialismo histórico también permitió articular una interpretación del Estado como instrumento de dominio de clase, lo que llevó a cuestionar el papel de las instituciones y a promover formas de organización autónoma. Trabajadores y campesinos, al apropiarse de esta lectura, comenzaron a desarrollar sindicatos, comités de base y ligas agrarias que desafiaban la estructura estatal y corporativa. Estas prácticas se repiten en diferentes experiencias documentadas, desde Rusia hasta Centroamérica.

 

Teorías sobre el surgimiento de partidos comunistas y su relación con los movimientos campesinos

El análisis documental permitió establecer que los partidos comunistas surgieron en contextos de crisis económica, modernización desigual y profundas tensiones sociales, tal como señala Klaus von Beyme. Estas teorías se verifican en experiencias internacionales donde los partidos comunistas aparecieron como respuesta a la incapacidad del sistema liberal para resolver conflictos agrarios y laborales. Tales condiciones crearon un terreno fértil para que las ideas marxistas adquirieran relevancia política.

La teoría de las crisis históricas es la que mejor explica la proliferación de partidos comunistas en zonas rurales empobrecidas. Sequías, endeudamiento campesino, concentración de tierras y represión estatal motivaron a comunidades rurales a buscar alternativas políticas radicales. Esto ocurrió en China, Vietnam, México, Brasil, Colombia y diversas regiones de Europa del Este (Petras & Carrero, 2004).

Otro resultado relevante es que los partidos comunistas ofrecieron a los movimientos campesinos estructuras organizativas estables, compuestas de comités, células y frentes. Estas estructuras permitieron coordinar acciones, comunicar ideología, formar líderes y sostener movilizaciones prolongadas. La evidencia internacional demuestra que el papel de los partidos fue decisivo para transformar protestas espontáneas en movimientos campesinos articulados.

Los partidos comunistas proporcionaron educación política y formación ideológica, herramientas fundamentales para que los sectores rurales comprendieran las causas estructurales de su pobreza. Este proceso de alfabetización política fue esencial para convertir a los campesinos en actores políticos conscientes (Wit, 1985). En diversas experiencias, la teoría marxista-leninista funcionó como un marco que dotó de coherencia a las demandas agrarias.

La relación entre partidos comunistas y movimientos campesinos no fue homogénea. En algunos países, como China y Vietnam, la alianza fue orgánica y determinante para el triunfo revolucionario. En otros, como Chile y México, los partidos comunistas influyeron en organizaciones agrarias sin llegar al poder, pero dejando un legado de lucha por la reforma agraria. Este análisis comparado permite entender la diversidad de adaptaciones del ideario marxista en contextos rurales.

 

Campesinado y comunismo: un vínculo global

A nivel global, el campesinado encontró en el comunismo una herramienta teórica y práctica para enfrentar las condiciones de explotación y marginación estructural. En regiones marcadas por el latifundismo, la servidumbre o la concentración extrema de la tierra, el marxismo ofreció un lenguaje para denunciar la opresión y una estrategia para transformarla (Gouttefanjat, 2024). Esta convergencia se repite desde Europa del Este hasta América Latina y Asia.

El comunismo ofreció una propuesta concreta para resolver la cuestión agraria: redistribución de tierras, colectivización voluntaria u obligación estatal de garantizar derechos rurales. Estas ideas tuvieron impactos profundos en movimientos como la Revolución China, la Revolución Vietnamita y las Ligas Camponesas brasileñas. El archivo panameño confirma que estas ideas también resonaron en Veraguas, donde los conflictos por tierra impulsaron la organización de ligas agrarias con simpatías comunistas.

Es importante destacar que el comunismo fortaleció la identidad colectiva del campesinado. La noción marxista de clase explotada permitió que los campesinos transitaran de luchas aisladas a movimientos con conciencia política articulada. Al identificarse como parte de una clase subalterna, los campesinos pudieron construir alianzas más amplias con trabajadores urbanos, estudiantes y partidos de izquierda, ampliando el alcance de sus reivindicaciones.

El estudio documental también muestra que la pedagogía revolucionaria fue esencial para consolidar la influencia del comunismo en el campo. Los partidos comunistas desarrollaron escuelas rurales, círculos de estudio y programas de alfabetización ideológica que permitieron dotar a las comunidades de herramientas políticas y organizativas (Arana, 2011). Este modelo fue adoptado en países como China, Nicaragua, Cuba y Brasil, mostrando una continuidad global.

El vínculo entre campesinado y comunismo no se limitó al plano ideológico: también implicó un acompañamiento organizativo y logístico. En numerosos países, los partidos comunistas apoyaron la formación de sindicatos agrícolas, cooperativas, guardias campesinas y comités de defensa de tierras, que funcionaron como estructuras de resistencia frente a terratenientes y aparatos represivos del Estado. Esto permitió sostener movimientos a largo plazo.

El campesinado no fue un receptor pasivo de ideas comunistas, sino un actor que reinterpretó ese ideario según sus necesidades locales. La adaptación campesina del marxismo generó versiones híbridas de la ideología, donde conceptos como lucha de clases, reforma agraria y justicia social se combinaron con tradiciones culturales y formas propias de organización. Esta capacidad de apropiación explica la expansión global del vínculo entre comunismo y lucha campesina.

 

El movimiento obrero y la expansión del comunismo

El movimiento obrero fue uno de los principales vehículos para la expansión internacional del comunismo. Las condiciones de explotación industrial, largas jornadas de trabajo y ausencia de derechos laborales permitieron que las ideas marxistas encontraran un terreno fértil entre los trabajadores. Documentos como los de Danilov (1960) demuestran que la clase obrera adoptó rápidamente las nociones de explotación capitalista y lucha de clases.

El estudio revela que los partidos comunistas jugaron un papel crucial en la organización del sindicalismo moderno. A través de comités de fábrica, sociedades de resistencia y federaciones obreras, los comunistas impulsaron huelgas, paros y manifestaciones que transformaron la relación entre trabajadores y empresas. Esta estrategia fue fundamental en países como Rusia, Francia, España, Chile y Argentina, donde la presencia comunista fortaleció la capacidad de negociación laboral.

Además, se identificó que la Internacional Comunista (Comintern) contribuyó significativamente a la expansión del comunismo entre trabajadores. Mediante congresos, publicaciones y misiones internacionales, la Comintern difundió estrategias de lucha obrera, consolidó redes sindicales y ofreció apoyo doctrinal a movimientos emergentes. Esta internacionalización explica la similitud de tácticas entre obreros de Europa, América Latina y Asia.

El comunismo promovió importantes conquistas laborales, muchas de las cuales luego se incorporaron a legislaciones nacionales. La demanda de la jornada de ocho horas, el derecho a sindicalización, la seguridad social y la negociación colectiva fueron impulsadas inicialmente por sindicatos influenciados por ideas marxistas. Estas demandas lograron modificar estructuras laborales históricamente desfavorables para los trabajadores.

La formación ideológica desempeñó un papel clave en la politización del movimiento obrero. Los partidos comunistas establecieron escuelas de cuadros, círculos de estudio y prensa obrera que permitieron capacitar a dirigentes capaces de articular discursos reivindicativos coherentes. Esta formación fortaleció la estructura organizativa del movimiento obrero y aseguró la reproducción de liderazgos comprometidos.

 

Difusión global del comunismo e impacto en campesinos y trabajadores

Las investigaciones muestran que las ideas comunistas se difundieron mediante partidos, la Internacional Comunista, prensa militante y redes intelectuales, y que su impacto sobre campesinos y trabajadores fue profundamente transformador pero ambivalente.

Entre los mecanismos de difusión global sobresalen los siguientes:

  1. La Internacional Comunista (Comintern) funcionó como un “partido mundial” que coordinaba partidos y frentes, facilitando circulación de cuadros, ideas y tácticas entre Europa, Asia, África y América Latina (Drachewych, 2018).
  2. La prensa comunista transregional en Oriente Medio y Norte de África conectó militantes locales con redes revolucionarias globales, articulando discursos antiimperialistas y obrerista (Sayim, 2022).
  3. En la Guerra Fría, revistas y diplomacia pública anticomunista (Problems of Communism) respondieron a esta influencia, intentando reorientar a élites e intelectuales contra el comunismo (Ciulla, 2025).
  4. Hoy, el Partido Comunista Chino (PCCh) sigue usando canales partidarios para difundir su modelo de modernización autoritaria y “aprendizaje autoritario” a otros partidos en el Sur Global (Hackenesch & Bader, 2020).

 

Tabla 1: Formas de circulación de ideas comunistas, tomado de (Drachewych, 2018)., (Hackenesch & Bader, 2020).

 

Mecanismo

Alcance principal

Efecto clave sobre ideas

Comintern y redes transnacionales.

Global de entreguerras.

Coordinación ideológica y táctica.

Prensa comunista transregional.

Oriente Medio / Norte de África.

Difusión antiimperialismo, organización obrera.

Diplomacia de partidos PCCh.

Global, siglo XXI.

Exportar modelo “socialismo con rasgos chinos”.

 

A continuación, se presentan algunos de los aspectos que permiten visualizar el impacto en campesinos y trabajadores:

 

  1. En China, Mao reconfiguró el marxismo al situar al campesinado como “fuerza principal” de la revolución; la alianza obrera‑campesina fue crucial para 1949 (Kiernan, 2021).
  2. Tras la toma del poder, políticas de colectivización y extracción de grano (Gran Salto Adelante) transformaron radicalmente el campo, combinando mejoras iniciales en acceso a tierra con coerción masiva, hambrunas y pérdida de autonomía campesina (Pienkos, 1973).
  3. En la URSS y Europa del Este, la colectivización forzada buscó controlar producción agrícola y disciplinar a los campesinos; generó resistencia, caída de rendimientos y un prolongado choque entre cultura rural y proyecto ideológico socialista.
  4. En la India, movimientos campesinos dirigidos por comunistas articularon luchas de clase con demandas de género: la movilización agraria abrió espacios para cuestionar patriarcado y ampliar el papel político de las mujeres trabajadoras rurales (Prasad, 2021).
  5. A largo plazo, en Europa Central y del Este, la experiencia campesina y obrera bajo el socialismo alimenta memorias ambivalentes: nostalgia por seguridad socioeconómica y rechazo a la coerción, hoy reutilizadas por populismos y campos anticomunistas.

 

La difusión global del comunismo reconfiguró la vida de campesinos y trabajadores al ofrecerles nuevos lenguajes de justicia social y organización colectiva, pero a menudo a costa de fuertes controles estatales, colectivización forzada y tensiones duraderas entre promesas emancipadoras y experiencias cotidianas de coerción.

 

CONCLUSIÓN

 

La investigación demuestra que el marxismo y el materialismo histórico desempeñaron un papel decisivo en la construcción de la conciencia de clase de campesinos y trabajadores, al ofrecer una explicación estructural de la desigualdad social. Al reinterpretar la pobreza y la explotación como resultados históricos del sistema capitalista y no como condiciones naturales o individuales, las ideas comunistas permitieron que estos sectores se reconocieran como sujetos históricos colectivos, capaces de organizarse y cuestionar las relaciones de poder existentes. Esta apropiación ideológica fue un factor clave para transformar demandas dispersas en luchas sociales articuladas y sostenidas en el tiempo.

El estudio evidencia que los partidos comunistas y las redes transnacionales, especialmente la Internacional Comunista, fueron fundamentales para convertir la protesta social en movimientos organizados y con proyección política. Estas estructuras proporcionaron marcos organizativos, formación ideológica y estrategias de movilización que permitieron a campesinos y trabajadores articular sus reivindicaciones más allá del ámbito local. Sin embargo, la investigación también muestra que esta influencia no fue homogénea, sino que se adaptó a las condiciones sociopolíticas de cada región, generando diversas formas de vinculación entre comunismo, lucha agraria y movimiento obrero.

La difusión global del comunismo tuvo un impacto profundamente ambivalente en la vida de campesinos y trabajadores. Por un lado, impulsó conquistas históricas en materia de derechos laborales, organización sindical y reivindicación de la tierra; por otro, en los contextos donde el comunismo accedió al poder estatal, estas transformaciones estuvieron frecuentemente acompañadas de mecanismos de coerción, colectivización forzada y control político. El estudio concluye que esta tensión entre promesas emancipadoras y prácticas autoritarias explica tanto la expansión del comunismo como las memorias contradictorias que persisten hasta la actualidad en distintos contextos rurales y obreros.

 

REFERENCIAS

 

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