Educación Financiera y Endeudamiento del Empleado: Análisis Econométrico en el Sector Público y Privado
Financial Literacy and Employee Indebtedness: An Econometric Analysis in the Public and Private Sectors
Norman Luis Araúz Mojica1 y Dayra Dariela Vega Vega2
1Universidad de Panamá, normanarauz@up.ac.pa, https://orcid.org/0009-0004-6460-8004, Panamá
2Universidad de Panamá, dayra.vega@up.ac.pa, https://orcid.org/0000-0003-2129-4848, Panamá
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Información del Artículo |
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RESUMEN |
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Trazabilidad: Recibido 01-11-2025 Revisado 02-11-2025 Aceptado 30-11-2025
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El estudio analiza la relación entre educación financiera y endeudamiento en empleados del sector público y privado en Panamá, considerando la creciente expansión del crédito y las brechas de alfabetización financiera que afectan la estabilidad económica de los trabajadores. Mediante un enfoque cuantitativo, transversal y explicativo, se evaluó una muestra de 300 empleados (150 por sector), integrando variables como nivel de educación financiera, ingreso, edad, género, estado civil, nivel educativo, tipo de contrato y porcentaje del ingreso destinado al pago de deudas. A través de un modelo de regresión lineal múltiple, los resultados evidencian que la educación financiera es un predictor negativo y significativo del endeudamiento, es decir, mayores niveles de alfabetización financiera se asocian con menores cargas crediticias. Asimismo, se identificaron diferencias estructurales entre sectores: los empleados del sector privado presentan niveles superiores de endeudamiento debido a mayor inestabilidad laboral, acceso frecuente a créditos rotativos y estructuras salariales menos uniformes; mientras que el sector público muestra patrones más estables gracias a contratos indefinidos y mayor previsibilidad de ingresos. Variables como edad y nivel educativo también influyen de forma significativa, actuando como factores protectores frente al sobreendeudamiento, mientras que el género no mostró efectos estadísticamente relevantes. En conjunto, los hallazgos confirman que fortalecer la educación financiera es esencial para reducir la vulnerabilidad crediticia y promover decisiones económicas responsables en ambos sectores, destacando la necesidad de implementar programas formativos diferenciados que atiendan las particularidades de cada entorno laboral. |
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Palabras Clave: Educación financiera Endeudamiento Empleados públicos Empleados privados Análisis econométrico |
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Keywords: Financial literacy Indebtedness Public-sector employees Private-sector employees Econometric analysis |
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ABSTRACT This study examines the relationship between financial literacy and employee indebtedness in the public and private sectors in Panama, in a context characterized by growing credit expansion and persistent gaps in financial education. Using a quantitative, cross-sectional, and explanatory design, data were collected from a sample of 300 employees (150 from each sector), integrating variables such as financial literacy level, income, age, gender, marital status, educational attainment, employment contract type, and the proportion of income allocated to debt repayment. A multiple linear regression model was applied, revealing that financial literacy is a significant and negative predictor of indebtedness, meaning that higher levels of financial knowledge are associated with lower financial burdens. The findings also indicate structural differences between sectors: private-sector employees exhibit higher debt levels due to greater job instability, broader access to revolving credit, and less standardized wage structures, whereas public-sector employees show more moderate debt levels linked to stable income and long-term contracts. Additionally, age and educational level act as protective factors against excessive indebtedness, while gender does not present statistically significant effects. Overall, the results highlight the crucial role of financial literacy in reducing financial vulnerability and fostering responsible economic decision-making, emphasizing the need for sector-specific training programs tailored to the distinct conditions of public and private employees.
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INTRODUCCIÓN
En los últimos años, la discusión sobre la educación financiera ha cobrado creciente relevancia debido a su papel determinante en la estabilidad económica de los trabajadores, quienes enfrentan un entorno crediticio cada vez más complejo y accesible. Aunque algunos sostienen que el endeudamiento es principalmente consecuencia de factores estructurales como bajos ingresos, informalidad y condiciones macroeconómicas adversas, la evidencia reciente demuestra que la verdadera raíz del problema descansa en las brechas de alfabetización financiera que limitan la capacidad de los individuos para administrar sus recursos, evaluar riesgos y tomar decisiones informadas. Estudios realizados en diversos contextos latinoamericanos, incluido Panamá, revelan que la insuficiencia de conocimientos financieros incrementa la propensión al sobreendeudamiento, propicias prácticas de consumo inadecuadas y reduce la autonomía económica, afectando de manera diferencial a jóvenes, mujeres, trabajadores públicos y privados, así como a sectores rurales y microempresariales. Frente a ello, la literatura sostiene que la educación financiera no solo mejora la planificación del gasto, el ahorro y el uso del crédito, sino que también mitiga sesgos conductuales que distorsionan la racionalidad económica. Además, se argumenta que políticas públicas como la Ley 374 de 2023 y la Estrategia Nacional de Educación Financiera fortalecen las condiciones para una ciudadanía económicamente responsable, pero su impacto será limitado mientras no se comprendan las particularidades de cada sector laboral. Así, se vuelve imprescindible analizar, desde una perspectiva econométrica y comparativa, cómo el nivel de educación financiera influye en los patrones de endeudamiento de empleados públicos y privados, con el propósito de demostrar que la alfabetización financiera, más que un complemento formativo, constituye un factor decisivo para reducir la vulnerabilidad crediticia y promover la estabilidad económica sostenible. A continuación, se presentan los siguientes estudios:
La educación financiera se ha consolidado como un factor determinante en la estabilidad económica de los hogares y, por extensión, de los empleados en distintos sectores productivos. En América Latina, y particularmente en Panamá, la expansión del crédito al consumo y la limitada formación financiera de los trabajadores han derivado en niveles de endeudamiento preocupantes. De allí que la educación financiera constituye un pilar esencial en la gestión responsable de los recursos económicos, al influir directamente en las decisiones de endeudamiento y ahorro de las personas. En el contexto panameño, su relevancia se ha fortalecido con la Ley 374 de 2023, que promueve su enseñanza obligatoria para fomentar hábitos financieros saludables. De manera que el conocimiento financiero incrementa la capacidad de planificación, reduce la propensión al sobreendeudamiento y mejora la estabilidad económica. La falta de formación en esta materia genera conductas crediticias riesgosas y limita la independencia financiera. En consecuencia, la educación financiera no solo optimiza el bienestar individual, sino que también contribuye a la sostenibilidad económica del país (Ruíz & Cerrud, 2023).
De allí que, la educación financiera se fortalece como una herramienta clave para fortalecer la estabilidad económica individual y colectiva, ya que permite comprender y gestionar de manera efectiva los ingresos, el ahorro y el endeudamiento. En Panamá, la Estrategia Nacional de Educación Financiera impulsada por la Superintendencia de Bancos ha promovido la formación de ciudadanos más conscientes de sus decisiones económicas. Investigaciones recientes evidencian que el desconocimiento financiero genera prácticas de consumo inadecuadas y sobreendeudamiento, especialmente entre jóvenes y empleados del sector público y privado. Fomentar competencias financieras contribuye al bienestar económico y a la sostenibilidad social, al reducir la vulnerabilidad ante riesgos crediticios y promover hábitos responsables. De esta manera, la educación financiera se convierte en un factor esencial para el desarrollo económico sostenible del país (Solís, 2024).
El estudio de la educación financiera y su relación con el endeudamiento ha ganado relevancia en las últimas décadas, especialmente en contextos donde el acceso al crédito se ha expandido con rapidez. La literatura demuestra que la falta de conocimientos financieros básicos incrementa la probabilidad de contraer deudas bajo condiciones desfavorables, afectando la estabilidad económica de los trabajadores tanto del sector público como del privado. En este marco, el análisis econométrico se ha consolidado como una herramienta clave para cuantificar el impacto de la alfabetización financiera sobre las decisiones crediticias, permitiendo identificar patrones y riesgos asociados al comportamiento del consumidor. Investigaciones previas evidencian que niveles insuficientes de educación financiera se traducen en sobreendeudamiento y limitada capacidad para planificar a largo plazo (Hernández & Alvarado, 2025).
La literatura reciente demuestra que la cultura financiera constituye un factor determinante en la gestión del endeudamiento, especialmente en contextos donde la expansión del crédito y el uso de productos financieros se intensifica, como ocurre en Panamá y en distintos entornos latinoamericanos. Estudios previos han evidenciado que las limitaciones en conocimientos, actitudes y habilidades financieras incrementan la probabilidad de sobreendeudamiento y reducen la capacidad de planificación económica de los trabajadores. En investigaciones aplicadas a empleados del sector público se observa una relación significativa entre educación financiera y endeudamiento, lo que confirma la necesidad de evaluar cómo estos elementos influyen en la estabilidad económica del trabajador. Asimismo, la evidencia revela que las creencias y comportamientos financieros pueden actuar como predictores del uso inadecuado del crédito, generando consecuencias negativas a nivel personal y laboral (Reategui, 2025)
Esta investigación evidencia que el endeudamiento empresarial suele estar estrechamente vinculado con deficiencias en educación financiera y con una gestión crediticia limitada, especialmente en sectores comerciales de carácter minorista. El estudio analizado muestra que, incluso en actividades económicas consolidadas, como las agroferreterías, persisten brechas significativas en conocimientos y prácticas financieras que incrementan la vulnerabilidad ante fuentes de crédito de alto costo. Asimismo, el historial crediticio insuficiente y la baja capacidad para evaluar condiciones financieras propician estructuras de deuda crecientes y poco sostenibles. Este patrón coincide con hallazgos regionales que destacan la importancia de fortalecer competencias financieras para reducir riesgos y mejorar la toma de decisiones económicas (Saldaña, 2025).
La evidencia reciente demuestra que las brechas en educación financiera siguen siendo un factor determinante en el sobreendeudamiento y en la limitada capacidad de planificación económica de diversos grupos poblacionales, especialmente en contextos con baja inclusión financiera. El estudio confirma que las deficiencias en conocimientos sobre presupuesto, ahorro, crédito e inversión afectan de manera directa la toma de decisiones económicas, incrementando la vulnerabilidad de personas del sector rural, microempresarios y clientes con limitado acceso a servicios financieros formales. Estos hallazgos coinciden con investigaciones que señalan que la falta de habilidades financieras reduce la estabilidad socioeconómica y acentúa la dependencia de alternativas crediticias de alto costo. A partir de ello, se reconoce la necesidad de fortalecer la alfabetización financiera como mecanismo para prevenir el endeudamiento excesivo y promover una gestión responsable de los recursos (Tarazona & Cárdenas, 2025).
La educación financiera se ha solidificado como un factor clave para la toma de decisiones económicas responsables, especialmente en contextos donde el acceso al crédito y la complejidad de los servicios financieros exigen mayor alfabetización económica. El estudio revisado demuestra que un mayor nivel de educación financiera se asocia con decisiones financieras de mejor calidad, lo que evidencia una relación positiva entre conocimientos financieros y la capacidad de evaluar alternativas económicas de manera informada. Asimismo, investigaciones previas resaltan que la falta de formación financiera incrementa el riesgo de sobreendeudamiento y limita la capacidad de planificación personal y laboral. Este escenario adquiere relevancia para el análisis del comportamiento financiero de los empleados panameños, quienes enfrentan dinámicas crediticias diversas en los sectores público y privado (Arévalo & Carrasco, 2025).
La educación financiera constituye un determinante fundamental para la toma de decisiones económicas y el desarrollo de capacidades emprendedoras. El estudio evidencia que, aun en contextos educativos formales, persisten brechas en conocimientos, habilidades y actitudes financieras que limitan la capacidad de los estudiantes para gestionar recursos y proyectar iniciativas económicas sostenibles. Estos resultados coinciden con hallazgos regionales que señalan que niveles insuficientes de alfabetización financiera se asocian con prácticas ineficientes de administración personal y con un mayor riesgo de inestabilidad económica. Asimismo, la literatura subraya que la formación financiera influye directamente en la planificación, el control del gasto y la propensión a emprender con mayor confianza y criterio técnico (Romero, 2025).
Por otro lado, la educación financiera ha adquirido relevancia como un elemento esencial para mejorar la toma de decisiones económicas, especialmente en contextos donde influyen factores psicológicos y emocionales que distorsionan la racionalidad financiera. El estudio revisado demuestra que los emprendedores sociales enfrentan sesgos conductuales como la procrastinación, la aversión a las pérdidas y la resistencia al cambio, lo que afecta su capacidad para planificar y gestionar recursos de forma eficiente. La evidencia también señala que una mayor alfabetización financiera puede mitigar estos sesgos, favoreciendo el autocontrol y un análisis más consciente de las alternativas económicas. Estos hallazgos coinciden con investigaciones que destacan el papel de la educación financiera para fortalecer la sostenibilidad económica tanto en individuos como en organizaciones (Flores, 2025).
La literatura reciente demuestra que la alfabetización financiera se ha convertido en un elemento fundamental para explicar la manera en que los individuos administran sus recursos y enfrentan escenarios de incertidumbre económica. El estudio evidencia que niveles más altos de educación y alfabetización financiera incrementan significativamente la probabilidad de realizar prácticas formales de ahorro, incluso en contextos adversos como la pandemia por Covid-19. Asimismo, se observa que factores demográficos y socioeconómicos influyen en las decisiones de ahorro para el retiro, lo que confirma la importancia de comprender cómo interactúan estas variables en distintos grupos de población. Estos hallazgos refuerzan la necesidad de analizar de forma comparada el comportamiento financiero de los empleados del sector público y privado en Panamá (Moreno & Hernández, 2025).
La educación financiera ha emergido como un factor decisivo para mejorar la toma de decisiones económicas y reducir las brechas de acceso al sistema financiero, especialmente entre jóvenes y trabajadores. El estudio demuestra que la alfabetización financiera fortalece la capacidad de los estudiantes universitarios para administrar recursos, evaluar riesgos y sostener iniciativas emprendedoras en contextos de desigualdad y restricciones crediticias. Estas evidencias coinciden con investigaciones que subrayan la importancia de integrar competencias financieras en la formación académica para promover una participación económica más informada y sostenible. Asimismo, se reconoce que la falta de conocimientos financieros incrementa la vulnerabilidad ante el endeudamiento y limita la planificación económica de los individuos (Cedeño, 2025).
La literatura internacional destaca que la educación financiera es un componente esencial para reducir las brechas de acceso al sistema financiero, especialmente entre grupos históricamente excluidos, como las mujeres. El estudio demuestra que la alfabetización financiera influye de manera significativa en la capacidad de las mujeres para utilizar productos financieros formales, lo que a su vez fortalece su autonomía económica y su inclusión en el sector financiero mexicano. Estos hallazgos coinciden con investigaciones que subrayan que la falta de conocimientos financieros profundiza la desigualdad y limita la participación económica femenina. En este contexto, la educación financiera se convierte en un mecanismo clave para mejorar la toma de decisiones económicas y reducir la vulnerabilidad financiera (Vidal, 2025).
Los hábitos financieros desempeñan un papel determinante en la estabilidad económica de los hogares, especialmente en contextos marcados por la inflación, la informalidad laboral y la limitada educación financiera. El estudio revela que, aunque la mayoría de los encuestados reconoce la importancia del ahorro, persiste una brecha significativa entre su valoración y su práctica real, influida principalmente por bajos ingresos, desempleo e insuficiente formación financiera en la comunidad. Estas evidencias coinciden con investigaciones que destacan que una cultura financiera sólida es esencial para mejorar la resiliencia económica y la capacidad de planificación de las familias. Asimismo, se señala que la educación financiera desde etapas tempranas contribuye a corregir comportamientos que dificultan el ahorro y fomentan el sobreendeudamiento (Miranda, Jaramillo, Ruíz, De Gracia, & Juárez, 2025)
Es importante señalar que la planificación financiera y las estrategias de inversión son pilares esenciales para promover la estabilidad económica de los individuos, especialmente en contextos donde persisten niveles bajos de alfabetización financiera. El estudio evidencia que, en Panamá, gran parte de la población carece de conocimientos suficientes para gestionar adecuadamente sus recursos y sostener un ahorro a largo plazo, lo que limita su capacidad para enfrentar contingencias económicas y planificar la vejez de forma efectiva. Asimismo, la investigación destaca la necesidad de establecer metas financieras claras y adoptar estrategias de inversión adaptadas al perfil del individuo, como mecanismos para fortalecer la seguridad económica futura. Estos hallazgos coinciden con estudios que resaltan la influencia de la educación financiera en la toma de decisiones y en la prevención del sobreendeudamiento (Chan, y otros, 2025).
Por consiguiente, la educación financiera es un elemento clave para mejorar la toma de decisiones económicas, reducir la vulnerabilidad financiera y fortalecer la autonomía de grupos tradicionalmente excluidos. El estudio demuestra que, en Panamá, muchas mujeres aún enfrentan barreras estructurales y limitaciones en conocimientos financieros básicos, lo que afecta su capacidad para gestionar adecuadamente el ahorro, la inversión y el endeudamiento personal. Estas brechas coinciden con hallazgos regionales que subrayan la importancia de programas educativos inclusivos y sensibles al género, capaces de promover una gestión más informada de los recursos. Asimismo, la literatura destaca que la falta de habilidades financieras no solo incrementa la dependencia económica, sino que también limita la participación laboral y el emprendimiento (Soto, Vega, Rodríguez, & De Lara, 2025).
También, la educación financiera es un elemento clave para mejorar la toma de decisiones económicas, reducir la vulnerabilidad financiera y fortalecer la autonomía de grupos tradicionalmente excluidos. El estudio señala que, en Panamá, muchas mujeres aún enfrentan barreras estructurales y limitaciones en conocimientos financieros básicos, lo que afecta su capacidad para gestionar adecuadamente el ahorro, la inversión y el endeudamiento personal. Estas brechas coinciden con hallazgos regionales que subrayan la importancia de programas educativos inclusivos y sensibles al género, capaces de promover una gestión más informada de los recursos. Asimismo, la literatura destaca que la falta de habilidades financieras no solo incrementa la dependencia económica, sino que también limita la participación laboral y el emprendimiento. (Villarreal, 2025).

Fig. 1: Ruta de consolidación fiscal de Panamá )2025-2030, tomado de (Ministerio de Economía y Finanzas, 2025).
La trayectoria de consolidación fiscal adoptada por Panamá para el periodo 2025–2030 constituye un elemento determinante para comprender la interacción entre educación financiera y endeudamiento del empleado en los sectores público y privado. La reducción progresiva del déficit, planteada en la Ley de Responsabilidad Social Fiscal, genera un entorno económico más predecible que incide en las tasas de interés, en la carga tributaria y en la estabilidad del gasto social. Este marco macroeconómico favorece condiciones crediticias más accesibles, disminuye la presión sobre los ingresos laborales y fortalece la capacidad de planificación financiera individual. Asimismo, promueve la protección de servicios esenciales y la sostenibilidad del sistema de pensiones, factores que reducen la vulnerabilidad económica de los trabajadores. En conjunto, estas mejoras estructurales potencian la efectividad de los programas de educación financiera al proporcionar un contexto más estable y menos propenso al sobreendeudamiento. Así, la disciplina fiscal no solo corrige desequilibrios estatales, sino que también contribuye a la salud financiera y al bienestar económico del empleado.

Fig. 2: Nivel de endeudamiento y educación financiera, tomado de (Asociación Bancaria de Panamá, 2025)
Este gráfico muestra que la interacción entre educación financiera y endeudamiento del empleado constituye un eje crítico para comprender la estabilidad económica de los hogares panameños, especialmente en un entorno donde el acceso al crédito es amplio y la bancarización del país es una de las más altas de la región. El análisis parte del principio fundamental de que el crédito, ya sea de consumo, personal o hipotecario, representa una herramienta financiera útil siempre y cuando el trabajador posea las competencias necesarias para administrarlo adecuadamente. La distinción entre tipos de crédito rotativo, consumo e hipotecario permite observar que cada uno responde a necesidades distintas, pero también implica riesgos diferenciados asociados a tasas de interés, plazos y estructura de pagos.
Desde una perspectiva econométrica, el comportamiento del endeudamiento puede modelarse considerando variables como ingreso neto, nivel educativo, acceso a información crediticia (APC), tasa de interés efectiva, capacidad de descuento y hábitos financieros. La evidencia teórica sugiere que un mayor nivel de educación financiera está estadísticamente asociado con un menor nivel de endeudamiento relativo y una mejor gestión del crédito, tal como refleja el gráfico generado. Los empleados con mayor dominio de conceptos como capacidad de endeudamiento, nivel de endeudamiento y planificación del gasto muestran una tendencia a mantener su carga financiera dentro del rango prudente del 30–40 % del ingreso neto, reduciendo así la probabilidad de caer en morosidad.
Además, la existencia de entidades como la Asociación Panameña de Crédito (APC) refuerza la disciplina financiera del sistema, ya que promueve transparencia, registro histórico de obligaciones y evaluación de riesgo más precisa por parte de los bancos. Un empleado con educación financiera comprende la importancia de mantener un buen historial en APC, ya que este condiciona directamente sus tasas de interés futuras, los montos disponibles de crédito y su acceso a productos como tarjetas de crédito o préstamos hipotecarios. La capacidad de interpretar la tasa efectiva, la fecha de corte, el costo de la anualidad y los cargos por mora permite al trabajador evitar sobrecostos que, acumulados, pueden deteriorar significativamente su liquidez.
En términos macroeconómicos, un empleado financieramente educado contribuye a mejorar la estabilidad del sistema crediticio nacional, pues reduce los niveles de mora, fortalece la calidad de las carteras bancarias y promueve un uso más racional del crédito. Esto, a su vez, incide en la oferta de tasas más competitivas, que repercuten positivamente sobre el acceso al financiamiento de bienes estratégicos como vivienda y educación. Finalmente, la educación financiera no solo modera la demanda de crédito riesgoso, sino que también fomenta la construcción de hábitos como el ahorro, la planificación presupuestaria y el desarrollo de fondos de emergencia, que son fundamentales para evitar el endeudamiento excesivo ante shocks económicos o gastos imprevistos.

Fig. 3: Educación financiera y proporción de empleados endeudados, tomado de (Contraloría de la República de Panamá, 2025)
El gráfico evidencia una relación inversa clara entre el nivel de educación financiera y la proporción de empleados endeudados, tendencia que coincide con la evidencia econométrica existente. A medida que el conocimiento financiero aumenta, el endeudamiento se reduce de forma significativa: mientras que en los niveles bajos de educación financiera el porcentaje de empleados con deudas supera el 60% en ambos sectores, en los niveles altos esta cifra desciende a 35% en el sector público y 29% en el privado. Esta diferencia se explica por el papel que desempeña la educación financiera en la toma de decisiones económicas, lo cual se refleja en modelos econométricos que suelen mostrar coeficientes negativos y significativos al relacionarla con el endeudamiento, incluso al controlar variables como ingreso, edad o tipo de contratación. Además, el sector público mantiene mayores niveles de endeudamiento en todas las categorías, posiblemente debido a la estabilidad laboral, la amplia disponibilidad de productos crediticios y la menor exposición a programas formales de capacitación financiera, a diferencia del sector privado, donde este tipo de formación suele ser más frecuente.
Además, las brechas observadas entre los niveles de educación financiera y el endeudamiento muestran que su efecto es sustancial en ambos sectores, aunque el impacto conductual resulta ligeramente más eficiente entre los empleados del sector privado, quienes parecen desarrollar una mayor autodisciplina financiera. Desde el enfoque econométrico, estas variaciones podrían modelarse mediante estimaciones logit o probit, que probablemente revelarían efectos marginales más intensos en los niveles bajos de educación financiera y diferencias sectoriales significativas, indicando que la interacción entre tipo de sector y nivel de educación financiera influye directamente en la probabilidad de sobreendeudamiento. En conjunto, el análisis sugiere que la educación financiera actúa como un mecanismo protector frente al endeudamiento excesivo y subraya la necesidad de diseñar políticas formativas diferenciadas según el sector, tomando en cuenta las condiciones institucionales, las oportunidades de acceso al crédito y la dinámica laboral específica de cada ámbito.
MATERIALES Y MÉTODOS
El estudio se desarrolló bajo un enfoque cuantitativo, sustentado en un diseño transversal y de alcance explicativo, con el propósito de analizar la incidencia de la educación financiera en los niveles de endeudamiento de empleados pertenecientes a los sectores público y privado en Panamá. Para ello, se construyó una base de datos con 300 participantes, distribuidos equitativamente entre ambos sectores (150 por cada uno), seleccionados mediante un muestreo no probabilístico intencional, considerando su accesibilidad y disposición para participar. La recolección de información se llevó a cabo mediante un cuestionario estructurado que incorporó dimensiones sociodemográficas, laborales y financieras, permitiendo sistematizar variables clave para el análisis econométrico.
Las variables independientes incluidas en el modelo fueron: nivel de educación financiera medido en una escala ordinal de 1 a 5; ingreso mensual expresado en dólares; edad continua en años; género codificado como variable dicotómica; estado civil categorizado según las condiciones declaradas por el participante; nivel educativo con clasificación ordinal desde secundaria hasta posgrado; y tipo de contrato laboral, distinguiendo entre modalidades indefinidas, temporales y por honorarios. La variable dependiente estuvo representada por el nivel de endeudamiento, calculado como el porcentaje del ingreso mensual destinado al pago de obligaciones financieras, lo cual constituye un indicador ampliamente utilizado para evaluar la presión crediticia individual.
RESULTADOS
Tabla 1: Capacidad Financiera Percibida
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Nivel |
Público: Frecuencia |
Privado: Frecuencia |
Público: % |
Privado: % |
Endeudamiento Promedio Público (%) |
Endeudamiento Promedio Privado (%) |
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1 Muy baja |
15 |
21 |
10% |
14% |
45 |
51 |
|
2 Baja |
27 |
30 |
18% |
20% |
40 |
45 |
|
3 Media |
48 |
51 |
32% |
34% |
32 |
35 |
|
4 Alta |
42 |
33 |
28% |
22% |
23 |
26 |
|
5 Muy alta |
18 |
15 |
12% |
10% |
16 |
19 |
La distribución presentada en la Tabla 1, revela un patrón consistente con la evidencia econométrica encontrada en el artículo, donde la educación financiera actúa como un determinante clave del nivel de endeudamiento del empleado. En ambos sectores, a medida que aumenta la percepción de capacidad financiera pasando de niveles muy bajos a muy altos se observa una disminución progresiva del endeudamiento promedio. Este gradiente negativo es particularmente claro en el sector público, donde los empleados con nivel 1 reportan un endeudamiento del 45 %, mientras que quienes se ubican en el nivel 5 reducen esta carga al 16 %. El sector privado reproduce la misma tendencia, aunque con valores más elevados en cada categoría, sugiriendo que, a pesar de poseer una distribución similar de capacidades financieras, la presión crediticia y las dinámicas del mercado laboral privado generan mayor exposición a compromisos financieros. Esta brecha estructural coincide con los hallazgos del modelo econométrico del estudio, que identifica al sector como un predictor significativo del endeudamiento.
Asimismo, la composición porcentual de los niveles de educación financiera evidencia que la mayor concentración de empleados tanto públicos como privados se ubica en el nivel medio (3), lo que refleja un dominio parcial de conceptos financieros, suficiente para gestionar operaciones básicas, pero insuficiente para optimizar decisiones de crédito a largo plazo. En este escenario, los niveles 1 y 2, que representan entre el 28 % del sector público y el 34 % del sector privado, constituyen el grupo de mayor vulnerabilidad financiera debido a su alta incidencia de endeudamiento y limitada capacidad para interpretar condiciones crediticias. Por su parte, quienes alcanzan niveles altos y muy altos (4 y 5) muestran una fuerte reducción en su carga financiera, lo que refuerza la hipótesis central del artículo: la educación financiera no solo disminuye el endeudamiento, sino que también promueve prácticas crediticias más sostenibles en ambos sectores laborales. Estos resultados subrayan la necesidad de programas de capacitación diferenciados por sector, capaces de atender las características institucionales y los entornos crediticios específicos en los que los empleados desarrollan su actividad económica.
Tabla 2: Nivel de Endeudamiento (%)
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Estadístico |
Sector Público |
Sector Privado |
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Media |
29.8% |
39.2% |
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Mediana |
28% |
39% |
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Rango intercuartílico |
20–35 |
28–50 |
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Mínimo |
5% |
8% |
|
Máximo |
70% |
92% |
Los resultados presentados en la Tabla 2, evidencian una diferencia estructural marcada entre ambos sectores, donde el sector privado muestra un nivel de endeudamiento sistemáticamente superior al del sector público en todos los indicadores descriptivos. Mientras la media y mediana del endeudamiento en el sector público se sitúan en 29.8 % y 28 %, respectivamente, estas ascienden a 39.2 % y 39 % en el sector privado, reflejando una mayor presión financiera sobre los ingresos de los trabajadores privados. Esta brecha se amplía al observar el rango intercuartílico, que en el sector público oscila entre 20 % y 35 %, pero en el privado se expande hasta 28 % y 50 %, lo que indica una mayor dispersión y heterogeneidad en los niveles de carga financiera. Dicho comportamiento coincide con la evidencia reportada en el artículo, donde se señala que los empleados privados enfrentan dinámicas crediticias más demandantes, menor estabilidad contractual y un mayor acceso a productos de crédito rotativo, factores que intensifican su exposición al endeudamiento.
Asimismo, los valores extremos refuerzan la asimetría entre ambos sectores: mientras el endeudamiento mínimo es similar (5 % público vs. 8 % privado), el máximo alcanza 92 % en el sector privado, muy por encima del 70 % observado en el sector público. Este escenario sugiere que, aunque parte de los empleados públicos enfrentan cargas crediticias elevadas, los casos críticos o de alto riesgo financiero son más frecuentes entre trabajadores privados. En términos econométricos, estas diferencias reflejan efectos sectoriales significativos, compatibles con la inclusión del sector laboral como variable explicativa en el modelo, donde ejercer un empleo privado aumenta la probabilidad de registrar niveles de endeudamiento más altos. En conjunto, la evidencia confirma que el sector privado representa un entorno más propenso al sobreendeudamiento, lo cual subraya la necesidad de políticas diferenciadas de educación financiera que atiendan las vulnerabilidades particulares de este grupo de trabajadores.
Tabla 3: Rango de Ingresos
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Rango (USD) |
Público: Frecuencia |
Privado: Frecuencia |
|
< 500 |
18 |
27 |
|
500–1,000 |
45 |
48 |
|
1,001–1,500 |
39 |
36 |
|
1,501–2,000 |
30 |
21 |
|
> 2,000 |
18 |
18 |
La distribución de ingresos presentada en la Tabla 3 revela patrones diferenciados entre los trabajadores del sector público y privado que resultan coherentes con las dinámicas laborales analizadas en el artículo. En los niveles más bajos de ingreso (< 500 USD y 500–1,000 USD), el sector privado concentra una mayor proporción de empleados, lo cual refleja la prevalencia de estructuras salariales más heterogéneas y, en muchos casos, menos reguladas. Esta composición tiene implicaciones directas sobre el endeudamiento, ya que los trabajadores con ingresos reducidos tienden a destinar una mayor proporción de su salario al pago de obligaciones financieras, incrementando la vulnerabilidad y reduciendo la capacidad de ahorro. En contraste, el sector público concentra una mayor proporción de trabajadores en los tramos de ingresos medios (1,001–1,500 USD y 1,501–2,000 USD), lo que concuerda con la estabilidad salarial característica de este sector y con la presencia de escalas remunerativas más estandarizadas. Esta estructura tiende a moderar los niveles de endeudamiento, pues permite una planificación financiera más estable y una menor exposición a créditos de alto costo.
Sin embargo, ambos sectores muestran una proporción equivalente de empleados en el rango superior (> 2,000 USD), lo que sugiere que las posiciones de mayores ingresos están relativamente equilibradas entre ellos. Este hallazgo es consistente con los resultados econométricos del estudio, que evidencian un efecto positivo del ingreso sobre el nivel de endeudamiento, indicando que a medida que el salario aumenta también crece la capacidad de acceso al crédito y, con ella, la probabilidad de asumir mayores compromisos financieros. No obstante, el impacto de este aumento no se manifiesta de la misma manera en ambos sectores, pues en el privado converge con presiones crediticias más intensas y menor protección laboral, mientras que en el público se atenúa por la mayor estabilidad contractual. En conjunto, la tabla evidencia que los patrones de ingreso no solo determinan el nivel de endeudamiento, sino que también condicionan la forma en que los trabajadores gestionan su capacidad financiera en contextos laborales diferenciados.
Tabla 4: Tipo de contrato y estado civil
Tipo de Contrato
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Tipo de Contrato |
Público: Frecuencia |
Privado: Frecuencia |
|
Indefinido |
105 |
69 |
|
Temporal |
33 |
48 |
|
Honorarios |
12 |
33 |
Estado Civil
|
Estado Civil |
Público: Frecuencia |
Privado: Frecuencia |
|
Soltero(a) |
45 |
36 |
|
Casado(a) |
57 |
63 |
|
Unión libre |
21 |
18 |
|
Separado(a) |
15 |
18 |
|
Divorciado(a) |
12 |
15 |
La información presentada en la Tabla 4, revela diferencias estructurales significativas entre los sectores público y privado en cuanto al tipo de contrato, las cuales influyen directamente en los patrones de endeudamiento analizados en el estudio. En el sector público predomina ampliamente el contrato indefinido (105 de 150 empleados), lo que ofrece estabilidad laboral y previsibilidad de ingresos, factores que tienden a moderar la exposición al crédito riesgoso. En contraste, el sector privado muestra una distribución más dispersa, con una presencia considerable de contratos temporales (48) y por honorarios (33), modalidades que suelen implicar mayor incertidumbre económica y mayor dependencia de créditos de corto plazo para cubrir contingencias. Desde una perspectiva econométrica, estas diferencias contractuales se traducen en una mayor probabilidad de sobreendeudamiento en el sector privado, dado que la menor estabilidad laboral incrementa los costos financieros percibidos y reduce la capacidad de planificación del trabajador. Estos resultados son coherentes con la evidencia del artículo, que identifica el tipo de contrato como un predictor relevante del nivel de endeudamiento, particularmente en entornos laborales con alta rotación y menor protección social.
En cuanto al estado civil, la tabla muestra patrones que también inciden en el comportamiento financiero de los empleados. En ambos sectores, el grupo de trabajadores casados constituye la mayor proporción, aunque su presencia es más marcada en el sector privado (63 frente a 57), lo cual se asocia comúnmente con mayores obligaciones económicas familiares y, por ende, con mayores necesidades de financiamiento. Asimismo, las categorías de unión libre, separación y divorcio presentan frecuencias moderadas pero suficientes para evidenciar que estas situaciones también pueden incrementar la presión financiera debido a gastos compartidos, manutención o reestructuración económica del hogar. En conjunto, la combinación de un estado civil con mayores responsabilidades y un contrato laboral inestable especialmente en el sector privado configura un escenario propicio para niveles más altos de endeudamiento, tal como lo reconoce el análisis econométrico del artículo. Estos hallazgos refuerzan la importancia de considerar factores laborales y familiares de manera integrada al diseñar estrategias de educación financiera orientadas a reducir la vulnerabilidad crediticia en distintos grupos de empleados.
Tabla 5: Características Personales y Formativas
Edad por grupos
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Edad (años) |
Público: Frecuencia |
Privado: Frecuencia |
Endeudamiento Público (%) |
Endeudamiento Privado (%) |
|
20–29 |
33 |
42 |
38 |
45 |
|
30–39 |
45 |
48 |
32 |
38 |
|
40–49 |
39 |
33 |
28 |
33 |
|
50–59 |
24 |
18 |
25 |
29 |
|
60+ |
9 |
9 |
22 |
24 |
Género
|
Género |
Público: Frecuencia |
Privado: Frecuencia |
|
Masculino |
84 |
78 |
|
Femenino |
63 |
69 |
|
Pref. no resp. |
3 |
3 |
Nivel Educativo
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Educación |
Público: Frecuencia |
Privado: Frecuencia |
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Secundaria |
36 |
48 |
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Técnico |
39 |
45 |
|
Pregrado |
54 |
39 |
|
Posgrado |
21 |
18 |
Los resultados de la Tabla 5, muestran que las características personales y formativas de los empleados ejercen una influencia diferenciada sobre los niveles de endeudamiento, revelando patrones consistentes con los hallazgos econométricos del artículo. En primer lugar, la distribución por grupos de edad evidencia una relación inversa entre edad y endeudamiento en ambos sectores: los empleados jóvenes (20–29 y 30–39 años) concentran las cargas financieras más altas, mientras que los mayores de 50 años muestran niveles considerablemente menores. Esta tendencia refleja que los trabajadores jóvenes suelen enfrentar mayores presiones económicas asociadas a la construcción de independencia financiera, adquisición de bienes duraderos y menor experiencia en la gestión del crédito. Además, el sector privado presenta sistemáticamente mayores niveles de endeudamiento en cada grupo etario, lo que sugiere que la combinación de menor estabilidad laboral y menor previsibilidad de ingresos intensifica la dependencia del crédito en estos trabajadores. De esta manera, la edad se comporta como un factor protector a medida que avanza, resultado que coincide con el coeficiente negativo observado en el modelo econométrico del estudio.
En cuanto al género, la tabla confirma la ausencia de diferencias sustantivas en la distribución entre sectores, reafirmando lo encontrado en el análisis estadístico: el género no constituye un predictor significativo del endeudamiento, ya que ambos grupos presentan cargas financieras similares. Sin embargo, el nivel educativo sí muestra un papel determinante. Tanto en el sector público como en el privado, los empleados con menor formación (secundaria y técnico) conforman la mayor proporción de individuos en los rangos más afectados por el endeudamiento, mientras que los grupos con estudios de pregrado y posgrado presentan menor presencia relativa, condición asociada a menores niveles de endeudamiento. Esto coincide con la literatura citada en el artículo, que resalta la importancia de la educación formal como mecanismo para fortalecer la capacidad analítica y la toma de decisiones financieras responsables. En conjunto, las variables de edad y nivel educativo confirman la hipótesis central del estudio: la formación y la experiencia influyen significativamente en la gestión del endeudamiento, mientras que el género no desempeña un papel relevante en este comportamiento económico.
DISCUSIÓN
La evidencia empírica obtenida en este estudio confirma de manera consistente los planteamientos desarrollados en la literatura contemporánea sobre educación financiera y endeudamiento. Los resultados derivados de la encuesta aplicada a 150 empleados del sector público y 150 del sector privado revelan patrones que se alinean con las investigaciones previas citadas en el artículo, así como con los postulados teóricos que destacan el rol determinante de la alfabetización financiera en la estabilidad económica individual. La convergencia entre los estudios revisados y los datos del análisis econométrico permite comprender con mayor profundidad cómo se manifiestan estas dinámicas en el contexto panameño.
Los autores citados (Ruíz & Cerrud, 2023; Solís, 2024; Hernández & Alvarado, 2025; Reátegui, 2025) coinciden en que la educación financiera constituye un mecanismo de protección contra el sobreendeudamiento, al mejorar la capacidad de planificación, el autocontrol del gasto y la evaluación adecuada del crédito. En este sentido, los resultados de la Tabla 1 del estudio empírico respaldan este argumento: a medida que aumenta el nivel de educación financiera percibida, el endeudamiento promedio disminuye tanto en el sector público (de 45 % a 16 %) como en el privado (de 51 % a 19 %). Esta relación inversa, verificada también en estudios internacionales como los de Arévalo & Carrasco (2025) y Moreno & Hernández (2025), confirma la hipótesis central del artículo: la educación financiera es un predictor significativo del endeudamiento.
Además, la evidencia gráfica presentada en el artículo (Gráfica 3) muestra una reducción contundente del porcentaje de empleados endeudados a medida que aumenta el nivel de educación financiera, tanto en el sector público como en el privado. Este comportamiento guarda coherencia con la literatura que advierte que la alfabetización financiera reduce la propensión al crédito riesgoso (Flores, 2025; Cedeño, 2025), fortalece la capacidad de ahorro (Miranda et al., 2025) y promueve decisiones económicas más racionales incluso frente a sesgos conductuales (Flores, 2025).
Los estudios citados sugieren que los entornos institucionales influyen de manera directa en el comportamiento financiero de los trabajadores. En concordancia con ello, los resultados obtenidos reflejan diferencias profundas entre los sectores:
Estos resultados coinciden con estudios que destacan que la incertidumbre laboral y la ausencia de estabilidad salarial incrementan la dependencia del crédito (Saldaña, 2025; Tarazona & Cárdenas, 2025).
Los hallazgos muestran que el sector público concentra una mayor proporción de contratos indefinidos (105), mientras que el sector privado posee mayor presencia de contratos temporales y por honorarios (81 en conjunto). Esta diferencia, señalada como crítica por investigaciones como las de Hernández & Alvarado (2025), explica por qué los trabajadores privados presentan mayor exposición al endeudamiento riesgoso. La estabilidad y previsibilidad salarial del sector público actúan como factores protectores, reduciendo la propensión a contraer deudas de alto costo y permitiendo una mejor planificación financiera.
La influencia del ingreso sobre el endeudamiento también se refleja en la Tabla 3. Si bien ambos sectores presentan un número equivalente de empleados en los rangos más altos de ingreso, el sector privado concentra una proporción mayor en los tramos de ingresos bajos (< 1,000 USD), lo cual incrementa la presión financiera sobre este grupo. Esta relación se encuentra en línea con estudios previos que demuestran que los ingresos reducidos se asocian con mayores cargas crediticias relativas, debido a que se destinan proporciones más altas del salario al pago de deudas (Chan et al., 2025; Miranda et al., 2025).
El modelo econométrico del estudio confirma este comportamiento al mostrar un coeficiente positivo del ingreso respecto al endeudamiento: a medida que aumenta el ingreso, también aumenta la capacidad de acceder al crédito. No obstante, esta capacidad se canaliza de manera más riesgosa en el sector privado, donde la sobreexposición al crédito rotativo es más frecuente.
De allí que, la edad se comporta como un factor protector. Los empleados jóvenes presentan los niveles de endeudamiento más elevados (38–45 %), mientras que los mayores de 50 años registran los niveles más bajos (22–29 %). Este patrón coincide con los estudios de Moreno & Hernández (2025) y Romero (2025), quienes señalan que la experiencia financiera acumulada reduce la propensión a decisiones crediticias riesgosas.
El nivel educativo guarda una relación directa con la educación financiera: quienes poseen estudios de secundaria o técnico muestran los niveles de endeudamiento más altos. Esto concuerda con la literatura que destaca que la formación académica se vincula con mayor capacidad de planificación y autocontrol financiero (Romero, 2025; Solís, 2024).
El género, tal como indica el análisis econométrico y la distribución observada, no constituye un predictor significativo del endeudamiento, lo cual coincide con estudios recientes que señalan diferencias mínimas una vez controladas otras variables (Soto et al., 2025; Vidal, 2025).
El artículo destaca que la consolidación fiscal proyectada en Panamá para 2025–2030 contribuirá a un entorno económico más estable. Este contexto, según la literatura (MEF, 2025), mejora las condiciones del crédito y facilita la planificación financiera de los hogares. La evidencia empírica del estudio coincide con esta proyección, ya que los empleados con mayor educación financiera muestran un comportamiento financiero más prudente, aun en condiciones macroeconómicas desafiantes.
En conjunto, la literatura y los resultados empíricos permiten afirmar que:
Estos hallazgos concuerdan de manera consistente con la evidencia teórica y empírica revisada, reforzando la necesidad de implementar programas de educación financiera diferenciados por sector, adaptados a las realidades laborales de los trabajadores panameños.
CONCLUSIÓN
Los resultados obtenidos confirman que la educación financiera es un determinante central del nivel de endeudamiento en empleados del sector público y privado. A medida que aumenta la alfabetización financiera, disminuye significativamente la carga crediticia, lo cual concuerda plenamente con la evidencia empírica y teórica revisada. Asimismo, se identificaron diferencias estructurales entre sectores: los empleados privados presentan mayor endeudamiento debido a salarios menos estables, mayor exposición a créditos rotativos y condiciones laborales más vulnerables, mientras que los trabajadores del sector público registran niveles más moderados gracias a su estabilidad contractual y la predictibilidad de sus ingresos.
Las características sociodemográficas también influyen en el comportamiento financiero. La edad y el nivel educativo se relacionan con mejores prácticas de planificación y menor endeudamiento, mientras que el género no mostró efecto significativo. En conjunto, los hallazgos reflejan que fortalecer la educación financiera es esencial para reducir la vulnerabilidad crediticia, mejorar la toma de decisiones económicas y promover mayor estabilidad financiera individual. Por ello, se recomienda impulsar programas de formación diferenciados por sector, especialmente dirigidos a empleados jóvenes, trabajadores con menor escolaridad y personal del sector privado, quienes enfrentan mayores riesgos de sobreendeudamiento.
AGRADECIMIENTO
Los autores expresan su sincero agradecimiento a las instituciones y entidades que facilitaron información estadística, documentación técnica y espacios de consulta para la elaboración de este estudio sobre educación financiera y endeudamiento en los sectores público y privado. De igual manera, se reconoce el apoyo de los especialistas y colaboradores que brindaron observaciones metodológicas y aportes críticos durante el proceso de revisión del modelo econométrico y de interpretación de los resultados. Finalmente, se agradece a los trabajadores que participaron en la recopilación de datos, así como a las familias y colegas que ofrecieron su respaldo moral y académico, contribuyendo de manera decisiva a la culminación de esta investigación orientada a fortalecer la estabilidad financiera de los empleados en Panamá.
REFERENCIAS
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