Desarrollo de habilidades socioemocionales en la convivencia escolar

 

Development of Socioemotional Skills in School Coexistence

 

Klever Eduardo Sangacha Aroca1, Mercy Alexandra Mera Carriel2, Mónica Janeth Cornejo Izurieta3, Isabel María Martínez Quinto4, Ingrid Angélica Sesme Rivas5 y Tanya Mariuxi Jiménez Ruiz6

1Universidad de Guayaquil, klevereduardo_11@hotmail.com, https://orcid.org/0009-0001-4896-6491, Ecuador

2Universidad Casa Grande, mercy.mera@casagrande.edu.ec, https://orcid.org/0009-0002-5322-1678, Ecuador

3Universidad del Pacífico, lcda.mjcornejo@gmail.com, https://orcid.org/0009-0008-4505-560X, Ecuador

4Universidad Tecnológica Latinoamérica en Línea, martinez.isa82@yahoo.com, https://orcid.org/0009-0001-6007-172X, Ecuador

5Universidad Bolivariana del Ecuador, iasesmer@ube.edu.ec, https://orcid.org/0009-0002-4377-5116, Ecuador

6Universidad Tecnológica ECOTEC, tanyjimenez2009@hotmail.com, https://orcid.org/0009-0008-0341-7828, Ecuador

 

 

Información del Artículo

 

RESUMEN

 

 

Trazabilidad:

Recibido 12-04-2025

Revisado 13-04-2025

Aceptado 26-04-2025

 

 

El presente estudio se direcciona a analizar la influencia del desarrollo de habilidades socioemocionales en la convivencia escolar de una Unidad Educativa de la provincia del Guayas, Ecuador, tomando en cuenta que a pesar de que las instituciones educativas buscan una mejora constante a nivel de calidad educativa suelen dejar de lado el desarrollo de habilidades socioemocionales adecuadas que permitan garantizar una convivencia escolar adecuada y eficiente dentro del contexto educacional. La investigación realizada propuso un enfoque cuantitativo y de tipo descriptivo. De la misma forma se determinó el diseño y aplicación de una encuesta integrada por diez ítems que fue aplicada a una población de estudio de 120 estudiantes. Los resultados evidenciaron que efectivamente el desarrollo de habilidades socioemocionales genera una influencia positiva en la convivencia escolar, requiriendo de un abordaje más integral y personalizado especialmente en estudiantes de educación básica superior, logrando así mejores relaciones interpersonales que garanticen una convivencia armónica.

 

Palabras Clave:

Habilidades socioemocionales

Convivencia escolar

Educación básica superior

 

 

 

Keywords:

Socio-emotional skills

School coexistence

Upper basic education 

 

ABSTRACT

The present study is aimed at analyzing the influence of the development of socio-emotional skills on school coexistence in an Educational Unit located in the province of Guayas, Ecuador. It takes into account that, although educational institutions seek constant improvement in the quality of education, they often overlook the development of appropriate socio-emotional skills that ensure proper and effective coexistence within the educational context. The research adopted a quantitative and descriptive approach. Likewise, a survey composed of ten items was designed and applied to a study population of 120 students. The results showed that the development of socio-emotional skills has a positive influence on school coexistence, highlighting the need for a more comprehensive and personalized approach, especially for upper basic education students, in order to foster better interpersonal relationships and ensure a harmonious coexistence.

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

El entorno escolar representa uno de los principales espacios donde los niños y jóvenes desarrollan habilidades que los acompañarán toda la vida (Tufiño & Cayambe, 2023). Dentro de este contexto, las habilidades socioemocionales cobran una relevancia especial, ya que permiten la construcción de relaciones sanas y respetuosas (Orbegoso & Oseda, 2021). Estas habilidades no solo mejoran el bienestar individual, sino que fortalecen el tejido social de la comunidad educativa(Unuzungo et al., 2022). La convivencia escolar, por su parte, es un reflejo de cómo estas competencias se manifiestan en la práctica diaria; abordar estos temas resulta fundamental para entender y transformar los entornos de aprendizaje.

Las dinámicas escolares han evolucionado para considerar no solo el rendimiento académico, sino también el desarrollo emocional de los estudiantes (Díaz & Jaramillo, 2021). La convivencia armoniosa dentro de la escuela depende en gran medida de la empatía, la autorregulación y la comunicación asertiva (Espinoza et al., 2021). De esta manera, el desarrollo de habilidades socioemocionales se convierte en una herramienta indispensable. Así, se posibilita la creación de ambientes inclusivos, equitativos y respetuosos de la diversidad ampliando el enfoque educativo tradicional hacia uno más integral y humano.

En los últimos años, investigaciones en pedagogía y psicología educativa han evidenciado la relación directa entre habilidades socioemocionales y éxito escolar; los alumnos que manejan adecuadamente sus emociones y se relacionan positivamente con sus compañeros tienden a presentar mejores resultados académicos (De La Torre, 2022). Asimismo, los ambientes escolares que promueven estas habilidades experimentan menores índices de violencia y acoso ( Rodríguez & Figueroa, 2022). Es por ello que resulta esencial comprender las bases teóricas y prácticas del desarrollo socioemocional en el ámbito escolar. Este análisis busca profundizar en dichos aspectos.

La necesidad de fortalecer las habilidades socioemocionales no solo responde a razones pedagógicas, sino también éticas y sociales (Saavedra et al., 2022). En sociedades cada vez más diversas y complejas, la escuela tiene el desafío de formar ciudadanos capaces de convivir en la diferencia; la capacidad para reconocer y gestionar las emociones, así como para establecer vínculos sanos, es crucial para la vida en comunidad (Sánchez & Ñañez, 2022). De esta manera, el ámbito escolar se convierte en un microcosmos de la sociedad que deseamos construir. Impulsar estas competencias desde la infancia se vuelve una tarea prioritaria.

En este contexto, el desarrollo de habilidades socioemocionales se refiere al proceso mediante el cual los individuos aprenden a identificar, comprender y gestionar sus emociones (Lara & Bertheau, 2022). También implica la adquisición de competencias para establecer relaciones positivas y tomar decisiones responsables (Alquinga et al., 2023). Estas habilidades son fundamentales para el bienestar personal y social. Se inician en la infancia y continúan perfeccionándose a lo largo de la vida; la escuela, como segundo espacio socializador después del hogar, juega un papel crucial en este desarrollo.

Entre las habilidades socioemocionales más relevantes se encuentran la autoconciencia, la autorregulación, la empatía, las habilidades sociales y la toma de decisiones responsables (Sacaca & Pilco, 2022). Cada una de ellas contribuye a mejorar la calidad de las interacciones humanas y a fortalecer la convivencia (Tufiño & Cayambe, 2023). La autoconciencia permite reconocer las propias emociones y pensamientos (Orbegoso & Oseda, 2021). La autorregulación, por su parte, facilita el manejo adecuado de las emociones en situaciones diversas (Orbegoso & Oseda, 2021). La empatía es esencial para comprender las emociones de los demás (Tufiño & Cayambe, 2023).

El desarrollo de estas habilidades no es automático ni casual; requiere de un entorno propicio y de estrategias pedagógicas intencionadas; la enseñanza explícita de competencias socioemocionales mediante programas específicos ha demostrado ser altamente efectiva (Unuzungo et al., 2022). Es importante que estas habilidades sean modeladas por los adultos que acompañan a los estudiantes; así, los docentes y otros actores educativos deben ser referentes de manejo emocional y de relaciones saludables (Díaz & Jaramillo, 2021). De esta manera, se construye una cultura escolar basada en el respeto y la comprensión.

Existen diversos enfoques metodológicos para trabajar las habilidades socioemocionales en el aula; entre ellos destacan el aprendizaje cooperativo, el enfoque basado en competencias y el uso de técnicas de mindfulness (Espinoza et al., 2021). Estas metodologías permiten que los estudiantes vivencien, reflexionen y consoliden sus habilidades en contextos reales (De La Torre, 2022). Asimismo, es importante incorporar actividades que fortalezcan la autoestima, la comunicación asertiva y la resolución de conflictos (Rodríguez & Figueroa, 2022). Un enfoque transversal e interdisciplinario maximiza el impacto de estas intervenciones.

La evaluación del desarrollo socioemocional también es un aspecto fundamental en este proceso; herramientas como las observaciones sistemáticas, los diarios emocionales y los cuestionarios de autoevaluación permiten medir avances (Saavedra et al., 2022). Es importante establecer indicadores claros que orienten la retroalimentación y la mejora continua (Sánchez & Ñañez, 2022). Un acompañamiento permanente asegura que los estudiantes no solo adquieran conocimientos, sino también capacidades emocionales duraderas, así, se promueve una educación que integra mente y corazón.

Por su parte, la convivencia escolar se refiere a la calidad de las interacciones entre todos los miembros de la comunidad educativa, esto incluye el respeto mutuo, la resolución pacífica de conflictos y la participación en la vida escolar (Ortiz & López, 2021). Es un concepto dinámico que se construye día a día a través de prácticas, normas y valores compartidos (Gálvez & García, 2022). Una convivencia escolar positiva es fundamental para el bienestar y el aprendizaje efectivo de los estudiantes promoviendo climas escolares seguros e inclusivos.

Una buena convivencia escolar no surge de manera espontánea; requiere intencionalidad, normas claras y procesos participativos (Litichever & Fridman, 2021). La elaboración colectiva de acuerdos de convivencia es una estrategia eficaz para fortalecer el sentido de pertenencia; los programas de mediación escolar y la educación en valores son herramientas clave (Ochoa et al., 2021). La convivencia positiva implica no solo la ausencia de violencia, sino la presencia activa de prácticas de respeto, solidaridad y cooperación.

Existen diversos factores que influyen en la convivencia escolar, como el clima institucional, la gestión escolar y la participación estudiantil (Flores et al., 2023). Un liderazgo directivo democrático y comprometido favorece ambientes escolares sanos (Villavicencio et al., 2022). Igualmente, la participación de estudiantes y familias fortalece el sentido de comunidad; es importante que las normas de convivencia sean construidas de manera inclusiva y que respondan a las necesidades reales del entorno (Rodríguez, 2021). De este modo, se genera un compromiso colectivo con la paz y el respeto.

El respeto a la diversidad es un componente esencial de la convivencia escolar; en sociedades cada vez más multiculturales, es necesario promover el reconocimiento y valoración de las diferencias (Diaz & Martinez, 2022). La escuela debe ser un espacio donde se celebre la diversidad y se rechace cualquier forma de discriminación (Canaza & Canaza, 2024). Actividades como foros de discusión, proyectos colaborativos y celebraciones culturales pueden fortalecer esta dimensión preparando a los estudiantes para vivir en sociedades pluralistas.

La prevención y gestión de conflictos es otro pilar de la convivencia escolar; los conflictos son naturales en cualquier grupo humano, pero su resolución pacífica debe ser una prioridad (Bustamante & Taboada, 2022). Estrategias como la mediación escolar, los círculos de diálogo y la justicia restaurativa han demostrado ser eficaces; estas prácticas permiten que los conflictos se conviertan en oportunidades de aprendizaje y crecimiento (Ortiz & López, 2021). Así, la escuela no solo enseña contenidos académicos, sino también competencias para la vida.

El desarrollo de habilidades socioemocionales y la convivencia escolar están íntimamente relacionados y se retroalimentan mutuamente (Gálvez & García, 2022). Los estudiantes que poseen competencias socioemocionales sólidas contribuyen a crear ambientes escolares armónicos; a su vez, un entorno de convivencia positiva potencia el crecimiento socioemocional de los alumnos (Litichever & Fridman, 2021). La promoción de habilidades como la empatía y la autorregulación emocional es esencial para prevenir conflictos y fomentar relaciones respetuosas.

Cuando los estudiantes aprenden a reconocer y gestionar sus emociones, disminuyen las conductas agresivas y los malentendidos (Ochoa et al., 2021). Esto repercute directamente en una convivencia más pacífica y colaborativa. Además, habilidades como la comunicación asertiva permiten expresar desacuerdos de manera respetuosa, evitando la escalada de conflictos (Flores et al., 2023). Así, el desarrollo socioemocional se convierte en una estrategia preventiva fundamental dentro del ámbito escolar.

Es importante señalar que los programas de educación socioemocional fortalecen no solo la convivencia escolar, sino también el desempeño académico (Villavicencio et al., 2022). La evidencia señala que los estudiantes que se sienten emocionalmente seguros aprenden mejor (H. M. Rodríguez, 2021). Por tanto, invertir en el desarrollo de habilidades socioemocionales no es un añadido, sino una necesidad pedagógica central; integrar ambos aspectos en la planificación escolar es clave para formar individuos íntegros y sociedades más justas.

Se podría decir entonces que el desarrollo de habilidades socioemocionales y la construcción de una convivencia escolar positiva son procesos complementarios y esenciales (Diaz & Martinez, 2022). Ambos contribuyen al bienestar integral de los estudiantes y a la creación de comunidades educativas inclusivas y respetuosas (Canaza & Canaza, 2024). Su fortalecimiento requiere compromiso, formación y estrategias pedagógicas intencionadas (Bustamante & Taboada, 2022). La escuela, como espacio privilegiado de socialización, tiene un rol fundamental en esta tarea.

Promover habilidades como la empatía, la autorregulación emocional y la comunicación efectiva no solo mejora el ambiente escolar, sino que forma ciudadanos comprometidos con la convivencia democrática. De esta manera, invertir en la educación socioemocional es apostar por un futuro más humano, justo y solidario. La transformación educativa debe ir de la mano con la transformación emocional y social de las comunidades escolares. Considerando lo expuesto, el siguiente estudio se direcciona a analizar la influencia del desarrollo de habilidades socioemocionales en la convivencia escolar de una Unidad Educativa de la provincia del Guayas, Ecuador.

 

MATERIALES Y MÉTODOS

 

La investigación se realiza bajo un enfoque cuantitativo, el cual se destaca por su facilidad en el procesamiento de datos altamente significativos. Del mismo modo, plantea una tipología de estudio descriptiva la cual no solo se evidencia en el análisis de la información, sino también en la interpretación de los resultados. Respecto a la técnica de recolección de datos, esta será la encuesta la cual se caracteriza por su facilidad para recopilar datos de manera eficiente y organizada. La población de estudio incluyó a un total de 120 estudiantes de educación básica superior que enmarca octavo, noveno y décimo de una unidad educativa ubicada en la provincia del Guayas los cuales fueron considerados a partir de criterios de inclusión como el asentimiento informado de los padres, y exclusión como las dificultades de salud que podrían presentar alguno de ellos. Los criterios éticos de este estudio resaltan la confidencialidad de los participantes, así como el tratamiento investigativo de la información.

 

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

 

Los resultados obtenidos de la encuesta fueron los siguientes:

 

Tabla 1: Reconozco y expreso mis emociones de forma adecuada en clases.

 

Alternativa

Frecuencia

Porcentaje

Siempre

58

48,3%

Casi siempre

45

37,5%

A veces

12

10,0%

Casi nunca

4

3,3%

Nunca

1

0,8%

Total

120

100,0%

 

En relación con la afirmación "Reconozco y expreso mis emociones de forma adecuada en clases", el 48,3% de los estudiantes manifestaron que siempre lo hacen, mientras que el 37,5% indicó que casi siempre. Un 10,0% respondió que a veces logra expresarse adecuadamente, el 3,3% señaló que casi nunca, y apenas el 0,8% dijo que nunca. Se observa una tendencia positiva, ya que la mayoría tiende a expresar sus emociones de manera adecuada.

 

Tabla 2: Soy capaz de controlar mi enojo o frustración sin afectar a otros.

 

Alternativa

Frecuencia

Porcentaje

Siempre

55

45,8%

Casi siempre

47

39,2%

A veces

13

10,8%

Casi nunca

4

3,3%

Nunca

1

0,8%

Total

120

100,0%

 

Respecto a "Soy capaz de controlar mi enojo o frustración sin afectar a otros", el 45,8% de los estudiantes indicó que siempre controla sus emociones, el 39,2% mencionó que casi siempre, el 10,8% manifestó que a veces lo logra, el 3,3% respondió que casi nunca, y el 0,8% que nunca. La tendencia muestra que la mayoría de los estudiantes logra controlar sus emociones en situaciones conflictivas.

 

Tabla 3: Escucho con atención y respeto las opiniones de mis compañeros.

 

Alternativa

Frecuencia

Porcentaje

Siempre

62

51,7%

Casi siempre

43

35,8%

A veces

10

8,3%

Casi nunca

4

3,3%

Nunca

1

0,8%

Total

120

100,0%

 

Sobre "Escucho con atención y respeto las opiniones de mis compañeros", el 51,7% de los estudiantes afirmó que siempre muestra respeto en la escucha, el 35,8% indicó que casi siempre, el 8,3% que a veces, el 3,3% que casi nunca y el 0,8% que nunca. La tendencia refleja una actitud predominantemente respetuosa en la interacción con los demás.

 

Tabla 4: Ayudo a resolver los conflictos entre mis compañeros de manera pacífica.

 

Alternativa

Frecuencia

Porcentaje

Siempre

57

47,5%

Casi siempre

46

38,3%

A veces

11

9,2%

Casi nunca

5

4,2%

Nunca

1

0,8%

Total

120

100,0%

 

En cuanto a "Ayudo a resolver los conflictos entre mis compañeros de manera pacífica", el 47,5% de los estudiantes señaló que siempre interviene pacíficamente, el 38,3% que casi siempre, el 9,2% que a veces, el 4,2% que casi nunca, y el 0,8% que nunca. La tendencia sugiere un fuerte compromiso hacia la resolución pacífica de conflictos.

 

Tabla 5: Me esfuerzo por comprender cómo se sienten otras personas.

 

Alternativa

Frecuencia

Porcentaje

Siempre

60

50,0%

Casi siempre

44

36,7%

A veces

11

9,2%

Casi nunca

4

3,3%

Nunca

1

0,8%

Total

120

100,0%

 

Referente a "Me esfuerzo por comprender cómo se sienten otras personas", el 50,0% de los estudiantes expresó que siempre hace ese esfuerzo, el 36,7% respondió que casi siempre, el 9,2% indicó que a veces, el 3,3% que casi nunca y el 0,8% que nunca. La tendencia evidencia una alta disposición hacia la empatía entre los estudiantes.

 

Tabla 6: Me siento respetado y valorado por mis compañeros en el aula.

 

Alternativa

Frecuencia

Porcentaje

Siempre

61

50,8%

Casi siempre

42

35,0%

A veces

12

10,0%

Casi nunca

4

3,3%

Nunca

1

0,8%

Total

120

100,0%

 

En relación a "Me siento respetado y valorado por mis compañeros en el aula", el 50,8% manifestó que siempre se siente así, el 35,0% que casi siempre, el 10,0% que a veces, el 3,3% que casi nunca y el 0,8% que nunca. La tendencia muestra una percepción positiva de respeto y valoración en el entorno escolar.

 

Tabla 7: Participo en actividades grupales mostrando cooperación y respeto.

 

Alternativa

Frecuencia

Porcentaje

Siempre

59

49,2%

Casi siempre

45

37,5%

A veces

11

9,2%

Casi nunca

4

3,3%

Nunca

1

0,8%

Total

120

100,0%

 

Respecto a "Participo en actividades grupales mostrando cooperación y respeto", el 49,2% de los estudiantes indicó que siempre participa de manera colaborativa, el 37,5% que casi siempre, el 9,2% que a veces, el 3,3% que casi nunca, y el 0,8% que nunca. La tendencia evidencia una participación activa y respetuosa en dinámicas grupales. 

 

Tabla 8: Siento que en mi curso se promueve el respeto y la inclusión de todos.

 

Alternativa

Frecuencia

Porcentaje

Siempre

56

46,7%

Casi siempre

48

40,0%

A veces

11

9,2%

Casi nunca

4

3,3%

Nunca

1

0,8%

Total

120

100,0%

 

Sobre "Siento que en mi curso se promueve el respeto y la inclusión de todos", el 46,7% manifestó que siempre se promueve, el 40,0% que casi siempre, el 9,2% que a veces, el 3,3% que casi nunca y el 0,8% que nunca. La tendencia sugiere que los estudiantes perciben su entorno como generalmente inclusivo y respetuoso. 

 

Tabla 9: Cuando hay problemas, busco soluciones dialogando con los demás.

 

Alternativa

Frecuencia

Porcentaje

Siempre

57

47,5%

Casi siempre

46

38,3%

A veces

11

9,2%

Casi nunca

5

4,2%

Nunca

1

0,8%

Total

120

100,0%

 

Referente a "Cuando hay problemas, busco soluciones dialogando con los demás", el 47,5% de los estudiantes indicó que siempre recurre al diálogo, el 38,3% que casi siempre, el 9,2% que a veces, el 4,2% que casi nunca y el 0,8% que nunca. La tendencia muestra una inclinación favorable hacia la resolución de conflictos mediante el diálogo.

 

Tabla 10: Creo que en mi escuela existe un ambiente de sana convivencia entre todos.

 

Alternativa

Frecuencia

Porcentaje

Siempre

55

45,8%

Casi siempre

48

40,0%

A veces

12

10,0%

Casi nunca

4

3,3%

Nunca

1

0,8%

Total

120

100,0%

 

En cuanto a "Creo que en mi escuela existe un ambiente de sana convivencia entre todos", el 45,8% afirmó que siempre percibe un ambiente positivo, el 40,0% que casi siempre, el 10,0% que a veces, el 3,3% que casi nunca, y el 0,8% que nunca. La tendencia refleja una percepción mayoritariamente positiva de la convivencia escolar.

El análisis de los resultados refleja que la mayoría de los estudiantes reconoce y expresa sus emociones de forma adecuada dentro del aula. Esta habilidad se traduce en un entorno más empático y respetuoso, que favorece la comunicación efectiva entre compañeros. La capacidad para identificar emociones propias facilita también la comprensión de las emociones ajenas, fortaleciendo así la convivencia escolar.

Por otro lado, se evidenció que la regulación emocional ante situaciones de enojo o frustración es una práctica frecuente entre los estudiantes. Este dominio de las emociones permite que las relaciones interpersonales sean más saludables y evita la escalada de conflictos. De esta manera, se consolida un clima escolar donde la gestión emocional contribuye significativamente a la armonía colectiva.

En lo que respecta a la escucha activa, se observó un comportamiento predominantemente respetuoso hacia las opiniones de los demás. Esta disposición para escuchar y valorar diferentes puntos de vista resulta fundamental para construir un ambiente de confianza y apertura. En consecuencia, la convivencia se fortalece a partir de la comunicación respetuosa y la aceptación de la diversidad.

Asimismo, la resolución pacífica de conflictos emerge como una habilidad socioemocional aplicada por un amplio sector del estudiantado. Este enfoque no violento para abordar desacuerdos permite que el espacio escolar sea percibido como un lugar seguro y justo. Fomentar el diálogo como herramienta para resolver tensiones refuerza la cohesión social en la comunidad educativa.

En relación a la empatía, los resultados indican que los estudiantes tienden a esforzarse por comprender las emociones y necesidades de los demás. Este rasgo impulsa la solidaridad y el apoyo mutuo entre compañeros, factores esenciales para una convivencia sana. La presencia de empatía diaria en las interacciones escolares refuerza los lazos afectivos y minimiza los comportamientos excluyentes.

Del mismo modo, se identificó que los estudiantes suelen sentirse respetados y valorados por sus pares dentro del aula. Esta percepción de reconocimiento social es vital para la autoestima y el bienestar emocional, impactando positivamente en la dinámica grupal. Un entorno donde prevalece el respeto recíproco favorece no solo la convivencia, sino también el rendimiento académico.

Igualmente, la participación en actividades grupales con cooperación y respeto ha sido un aspecto destacado entre los hallazgos. La colaboración activa entre compañeros fortalece habilidades de trabajo en equipo y promueve la responsabilidad compartida. Esto genera un sentimiento de pertenencia que influye directamente en la calidad de la convivencia escolar.

En lo concerniente a la promoción del respeto y la inclusión, se constató una percepción generalizada de aceptación y equidad dentro de los cursos. La vivencia de un entorno inclusivo impulsa la integración de todos los estudiantes, sin importar sus diferencias. Esta realidad refuerza el principio de igualdad y consolida la cultura de paz en el ámbito escolar.

De igual forma, los estudiantes manifestaron una tendencia a solucionar los problemas a través del diálogo y la búsqueda de acuerdos. Esta práctica evidencia el desarrollo de habilidades comunicativas orientadas a la resolución constructiva de conflictos. El uso del diálogo como mecanismo habitual de solución fortalece los vínculos de respeto y confianza entre los integrantes de la comunidad educativa.

Finalmente, se encontró que la percepción del ambiente escolar es, en general, positiva y basada en la sana convivencia. Esta apreciación confirma que el desarrollo de habilidades socioemocionales ha influido favorablemente en las relaciones interpersonales dentro de la institución. En síntesis, los resultados subrayan la importancia de seguir promoviendo estas competencias para mantener y mejorar la convivencia escolar.

 

CONCLUSIÓN

 

El estudio realizado permitió evidenciar que el desarrollo de habilidades socioemocionales influye de manera positiva en la convivencia escolar de los estudiantes de educación básica. A través del análisis de las respuestas, se observó una tendencia marcada hacia la expresión adecuada de emociones, el control de impulsos, la empatía y la resolución pacífica de conflictos, lo que refuerza la importancia de fortalecer estas competencias dentro del proceso formativo.

Un hallazgo relevante fue la percepción de respeto y valoración entre compañeros, lo cual constituye un pilar fundamental para construir un ambiente de sana convivencia. Los estudiantes manifestaron sentirse escuchados, incluidos y respetados, lo que refleja la efectividad de las habilidades socioemocionales en la promoción de relaciones interpersonales saludables y en la prevención de situaciones de conflicto.

La actitud de cooperación en actividades grupales y la tendencia a resolver los desacuerdos mediante el diálogo destacaron como comportamientos frecuentes entre los encuestados. Esto demuestra que el desarrollo de estas habilidades no solo favorece el bienestar individual, sino también el fortalecimiento del tejido social dentro de la institución educativa, impulsando la cultura de paz y la cohesión grupal.

De manera complementaria, la percepción general de un ambiente escolar caracterizado por la inclusión y el respeto respalda la hipótesis planteada sobre la relación entre habilidades socioemocionales y convivencia. Estos resultados resaltan la necesidad de implementar programas permanentes de educación emocional que promuevan el fortalecimiento de dichas competencias desde los primeros años de escolaridad.

Finalmente, el estudio pone de manifiesto que trabajar en el desarrollo socioemocional de los estudiantes no solo mejora el clima escolar, sino que también contribuye al crecimiento personal y académico de los mismos. Por lo tanto, se recomienda que las instituciones educativas continúen integrando estrategias que potencien estas habilidades como parte fundamental de su proyecto educativo.

En cuanto a futuras investigaciones, sería pertinente profundizar en el análisis de la influencia de las habilidades socioemocionales en otros factores del entorno escolar, como el rendimiento académico, la prevención del acoso escolar o el liderazgo estudiantil. También resultaría enriquecedor realizar estudios longitudinales que permitan observar la evolución de estas competencias a lo largo del tiempo y su impacto en distintos contextos educativos.

 

REFERENCIAS

 

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