Impacto de la estrategia nacional para la regulación de alimentos en escuelas de educación básica

 

Impact of the National Strategy for Food Regulation in Basic Education Schools

 

Luis Gaspar Avila Soliz1

1Secretaria de Educación Pública de Tabasco, blu-rock47@live.com.mx, https://orcid.org/0000-0002-4334-0238, México.

 

 

Información del Artículo

 

RESUMEN

 

 

Trazabilidad:

Recibido 04-08-2025

Revisado 05-08-2025

Aceptado 27-08-2025

 

 

Este artículo explora el impacto de la estrategia nacional para la regulación de alimentos en escuelas de educación básica en México desde un enfoque cualitativo, centrado en las percepciones, experiencias y prácticas de los actores involucrados en su implementación. La estrategia, diseñada para combatir la obesidad infantil y promover hábitos alimenticios saludables, prohíbe la venta y el consumo de productos considerados insalubres en los entornos escolares. A través de un análisis interpretativo, se examinan las narrativas de estudiantes, padres, docentes y autoridades escolares, con el objetivo de comprender cómo estas políticas han transformado los espacios educativos y las dinámicas alimenticias. La investigación se basa en entrevistas semiestructuradas, grupos focales y observaciones en escuelas seleccionadas, complementada con una revisión documental de normativas y guías oficiales. Este enfoque permite identificar las percepciones subjetivas sobre los cambios en los hábitos alimenticios, las barreras culturales y sociales para la aceptación de las nuevas regulaciones, y el rol de los actores escolares en la promoción de entornos saludables. Los hallazgos revelan que, aunque la estrategia ha generado una mayor conciencia sobre la importancia de una alimentación saludable, su implementación enfrenta desafíos significativos, como la resistencia de algunos sectores, la falta de infraestructura adecuada y la necesidad de mayor capacitación para los docentes. Asimismo, se observa que la prohibición de alimentos insalubres ha transformado las dinámicas escolares, generando tensiones entre las prácticas tradicionales y las nuevas exigencias normativas. Las percepciones de los estudiantes y padres reflejan una diversidad de opiniones, desde el apoyo a las medidas hasta críticas relacionadas con la accesibilidad y el costo de alimentos saludables. Por otro lado, los docentes y directivos destacan la importancia de integrar estas políticas con programas educativos que refuercen la formación de hábitos alimenticios sostenibles. En conclusión, el enfoque cualitativo permite profundizar en las dimensiones sociales y culturales de la estrategia nacional, evidenciando que su éxito no solo depende de la regulación, sino también de un cambio integral en las prácticas escolares y en la cultura alimenticia de las comunidades.

 

Palabras Clave:

Estrategia nacional

Regulación de alimentos

Escuelas de educación básica

Hábitos alimenticios

 

 

Keywords:

National strategy

Food regulation

Basic education schools

Eating habits

Sustainable habits

 

ABSTRACT

This article explores the impact of the national strategy for food regulation in basic education schools in Mexico from a qualitative approach, focusing on the perceptions, experiences, and practices of the actors involved in its implementation. The strategy, designed to combat childhood obesity and promote healthy eating habits, prohibits the sale and consumption of products considered unhealthy within school environments. Through an interpretative analysis, the narratives of students, parents, teachers, and school authorities are examined to understand how these policies have transformed educational spaces and food-related dynamics. The research is based on semi-structured interviews, focus groups, and observations in selected schools, complemented by a documentary review of official regulations and guidelines. This approach allows for the identification of subjective perceptions regarding changes in eating habits, cultural and social barriers to accepting the new regulations, and the role of school actors in promoting healthy environments. The findings reveal that, while the strategy has increased awareness of the importance of healthy eating, its implementation faces significant challenges, such as resistance from certain sectors, inadequate infrastructure, and the need for further teacher training. Moreover, it is observed that the prohibition of unhealthy foods has transformed school dynamics, creating tensions between traditional practices and new regulatory demands. The perceptions of students and parents reflect a diversity of opinions, ranging from support for the measures to criticisms related to the accessibility and cost of healthy foods. On the other hand, teachers and school administrators emphasize the importance of integrating these policies with educational programs that reinforce the development of sustainable eating habits.In conclusion, the qualitative approach allows for an in-depth exploration of the social and cultural dimensions of the national strategy, demonstrating that its success depends not only on regulation but also on a comprehensive change in school practices and the food culture of communities.

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

La obesidad infantil constituye uno de los problemas de salud pública más apremiantes a nivel global, y México se posiciona entre los países con mayores índices de prevalencia en esta población. Este fenómeno, multifactorial en su naturaleza, se encuentra estrechamente vinculado a patrones alimenticios deficientes, la proliferación de alimentos ultraprocesados y la falta de entornos que favorezcan una alimentación saludable. En respuesta a esta crisis, el gobierno mexicano ha implementado diversas estrategias orientadas a transformar los espacios escolares en ambientes propicios para la promoción de hábitos alimenticios saludables, siendo la regulación de alimentos en escuelas de educación básica una de las más destacadas. La escuela, como espacio de formación integral, desempeña un papel crucial en la construcción de hábitos y valores que trascienden el ámbito académico, incluyendo aquellos relacionados con la alimentación. Sin embargo, la implementación de políticas que restringen el acceso a productos insalubres en estos entornos ha generado debates sobre su efectividad, viabilidad y aceptación cultural. En este contexto, resulta fundamental analizar no solo los resultados cuantitativos de estas estrategias, sino también las percepciones, experiencias y prácticas de los actores involucrados, para comprender las dinámicas sociales y culturales que influyen en su éxito o fracaso.

El presente estudio adopta un enfoque cualitativo para explorar el impacto de la estrategia nacional de regulación de alimentos en escuelas de educación básica en México. A través de entrevistas semiestructuradas, grupos focales y observaciones, se busca identificar las narrativas y perspectivas de estudiantes, padres, docentes y autoridades escolares, con el fin de profundizar en las implicaciones de estas políticas en los entornos educativos. Además, se examinan los desafíos asociados a su implementación, como la resistencia cultural, la infraestructura limitada y la necesidad de capacitación docente, así como las oportunidades para integrar estas medidas en una transformación más amplia de la cultura alimenticia escolar. Este trabajo contribuye al debate académico sobre políticas públicas de salud y educación, destacando la importancia de un enfoque participativo e inclusivo para garantizar la sostenibilidad y efectividad de estas iniciativas. Al abordar las dimensiones sociales y culturales de la regulación de alimentos en escuelas, este estudio busca aportar una perspectiva crítica y constructiva que permita avanzar hacia la construcción de entornos escolares más equitativos y saludables.

 

Planteamiento del problema:

La obesidad infantil se ha convertido en una de las principales preocupaciones de salud pública en México, afectando a millones de niños y niñas en edad escolar. Según datos recientes, el país ocupa los primeros lugares a nivel mundial en prevalencia de obesidad infantil, lo que representa un desafío no solo para el sistema de salud, sino también para el bienestar integral de las futuras generaciones. Este problema está vinculado a múltiples factores, entre los que destacan los hábitos alimenticios poco saludables, el consumo excesivo de alimentos ultraprocesados, la falta de actividad física y la influencia de entornos que favorecen prácticas alimenticias perjudiciales. En este contexto, las escuelas de educación básica desempeñan un papel central, ya que son espacios donde los niños y niñas pasan una gran parte de su tiempo y donde se forman valores y hábitos que impactan su desarrollo. Sin embargo, la presencia de alimentos insalubres en los entornos escolares, como bebidas azucaradas, frituras y dulces, ha contribuido a perpetuar patrones alimenticios que favorecen el aumento de peso y los problemas de salud asociados. Frente a esta situación, el gobierno mexicano ha implementado una estrategia nacional para regular la venta y consumo de alimentos en las escuelas, con el objetivo de transformar estos espacios en ambientes que promuevan hábitos alimenticios saludables y combatan la obesidad infantil.

A pesar de los esfuerzos realizados, la implementación de estas políticas enfrenta múltiples desafíos. Por un lado, existe resistencia cultural y social por parte de algunos sectores, quienes consideran que estas medidas limitan las tradiciones alimenticias o imponen barreras económicas para el acceso a alimentos saludables. Por otro lado, la falta de infraestructura adecuada y de capacitación para docentes y personal escolar dificulta la aplicación efectiva de las normativas. Además, las percepciones y prácticas de los estudiantes, padres y comunidad escolar juegan un papel crucial en la aceptación y sostenibilidad de estas políticas. Ante esta problemática, resulta necesario realizar un análisis profundo desde un enfoque cualitativo que permita comprender las experiencias, percepciones y dinámicas sociales que rodean la implementación de la estrategia nacional de regulación de alimentos en escuelas de educación básica. Este estudio busca responder preguntas clave sobre cómo estas políticas están transformando los entornos escolares, cuáles son las barreras y oportunidades para su éxito, y cómo los actores involucrados perciben y participan en este proceso. Al abordar estas interrogantes, se espera aportar una perspectiva crítica y constructiva que contribuya a mejorar la efectividad y sostenibilidad de las políticas públicas orientadas a combatir la obesidad infantil y fomentar hábitos alimenticios saludables en las escuelas mexicanas.

 

Marco teórico:

La obesidad infantil es uno de los principales problemas de salud pública en México, donde se observa una prevalencia creciente en las últimas décadas. Según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2021, cerca del 35% de los niños en edad escolar presentan sobrepeso u obesidad, una situación que ha generado preocupación debido a sus implicaciones en la salud y el desarrollo integral de los menores (Barquera et al., 2021). Este fenómeno está relacionado con factores como el consumo de alimentos ultraprocesados, la disminución de la actividad física y la influencia de entornos obesogénicos, lo que ha llevado a implementar estrategias de regulación alimentaria en las escuelas como medida para combatir esta problemática. La obesidad infantil tiene consecuencias graves tanto a corto como a largo plazo. Niños con exceso de peso tienen mayor probabilidad de desarrollar enfermedades crónicas como diabetes tipo 2, hipertensión y problemas cardiovasculares (Rivera-Dommarco et al., 2020). Además, este problema afecta el bienestar emocional y social de los menores, quienes pueden enfrentar estigmatización y discriminación en su entorno escolar y familiar. La obesidad infantil también representa un desafío económico para los sistemas de salud, que deben afrontar costos crecientes asociados al tratamiento de enfermedades relacionadas con el exceso de peso. En el contexto mexicano, factores culturales y económicos han influido en los patrones alimenticios de la población infantil. El acceso limitado a alimentos frescos y nutritivos, junto con la prevalencia de productos ultraprocesados en los entornos escolares, ha contribuido a perpetuar prácticas alimenticias poco saludables (Jiménez-Cruz et al., 2021). Por ello, las políticas públicas han buscado transformar estos entornos en espacios que promuevan hábitos alimenticios saludables y reduzcan el riesgo de obesidad infantil.

La regulación alimentaria en escuelas es una estrategia clave para combatir la obesidad infantil. En México, la Ley General de Salud establece lineamientos específicos para la venta y distribución de alimentos en instituciones educativas, prohibiendo productos con alto contenido calórico y bajo valor nutricional, como bebidas azucaradas y frituras, y fomentando la inclusión de opciones saludables (Secretaría de Salud, 2020). Estas medidas están respaldadas por evidencia científica que demuestra que los entornos escolares juegan un papel crucial en la formación de hábitos alimenticios de los niños (González-Morales et al., 2021).Un estudio realizado por Pérez-Ferrer et al. (2020) señala que la implementación de políticas de regulación alimentaria en escuelas ha tenido un impacto positivo en la reducción del consumo de alimentos ultraprocesados entre los estudiantes. Sin embargo, también se identificaron desafíos importantes, como la resistencia de algunos sectores de la sociedad, la falta de infraestructura adecuada y la necesidad de capacitación para el personal escolar. Además, la efectividad de estas políticas depende de la integración de programas educativos que sensibilicen a los estudiantes y padres sobre la importancia de una alimentación saludable.

El impacto de las políticas de regulación alimentaria en las escuelas no se limita a la prohibición de alimentos insalubres. Rivera-Dommarco et al. (2021) destacan que estas medidas pueden transformar las dinámicas sociales dentro de las escuelas, fomentando una cultura de cuidado y responsabilidad hacia la salud. Además, estudios recientes han demostrado que la exposición a alimentos saludables en entornos escolares puede influir significativamente en las elecciones alimenticias de los niños, contribuyendo a la formación de hábitos que perduren a lo largo de su vida (Barquera et al., 2021). Sin embargo, para garantizar el éxito de estas políticas, es necesario adoptar un enfoque integral que aborde los determinantes sociales y culturales de la obesidad infantil. Esto incluye la promoción de actividad física, la educación nutricional y el acceso equitativo a alimentos saludables. Asimismo, la colaboración intersectorial entre los sistemas de salud, educación y agricultura es fundamental para crear un entorno favorable que apoye la implementación de estas estrategias (Pérez-Ferrer et al., 2020).

La obesidad infantil es un problema creciente en América Latina, donde los cambios en los patrones alimentarios y el aumento del sedentarismo han contribuido a una crisis de salud pública. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), más del 20% de los niños en la región presentan sobrepeso u obesidad, cifras que han aumentado significativamente en las últimas décadas (OPS, 2021). Este fenómeno está vinculado a la transición nutricional que experimentan los países latinoamericanos, caracterizada por un aumento en el consumo de alimentos ultraprocesados y una disminución en la ingesta de alimentos tradicionales y nutritivos. En países como Brasil, México y Chile, las políticas públicas han buscado abordar este problema mediante la regulación de los entornos escolares, promoviendo la disponibilidad de alimentos saludables y limitando la comercialización de productos insalubres dirigidos a niños. Estas estrategias han sido fundamentales para reducir los factores de riesgo asociados a la obesidad infantil y fomentar hábitos alimenticios saludables desde edades tempranas. En América Latina, varios países han implementado políticas de regulación alimentaria en escuelas con resultados prometedores. Por ejemplo, Chile adoptó la Ley de Etiquetado de Alimentos en 2016, la cual prohíbe la venta de productos altos en azúcares, grasas y sodio en las escuelas, además de incluir etiquetas de advertencia en los empaques de estos productos (Ministerio de Salud de Chile, 2016). Esta medida ha sido reconocida internacionalmente como un modelo efectivo para la prevención de la obesidad infantil, ya que ha logrado reducir el consumo de alimentos ultraprocesados entre los niños chilenos (Corvalán et al., 2020).

En Brasil, el Programa Nacional de Alimentación Escolar (PNAE) garantiza el acceso de los estudiantes a alimentos frescos y nutritivos, priorizando la compra de productos provenientes de la agricultura familiar (Silva et al., 2020). Este enfoque no solo mejora la calidad de la alimentación en las escuelas, sino que también fortalece las economías locales y promueve la sostenibilidad ambiental. Estudios realizados en Brasil han demostrado que la implementación del PNAE contribuye a la reducción de la obesidad infantil y al aumento del consumo de frutas y verduras entre los estudiantes (Monteiro et al., 2021). Por otro lado, México ha desarrollado políticas integrales que incluyen la regulación de alimentos en las escuelas, campañas de educación nutricional y programas de actividad física. La introducción de estas medidas ha enfrentado desafíos significativos, como la resistencia de la industria alimentaria y la falta de recursos para su implementación efectiva. Sin embargo, investigaciones recientes sugieren que estas políticas tienen el potencial de transformar los entornos escolares en espacios que promuevan la salud y el bienestar de los niños (Jiménez-Cruz et al., 2021). A pesar de los avances en la regulación alimentaria en escuelas, América Latina enfrenta desafíos importantes para garantizar la efectividad de estas políticas. Entre ellos se encuentran la falta de monitoreo y evaluación de las medidas implementadas, la resistencia de ciertos sectores sociales y económicos, y la necesidad de fortalecer la infraestructura escolar para facilitar el acceso a alimentos saludables (OPS, 2021). Además, es fundamental integrar programas educativos que sensibilicen a los estudiantes, padres y docentes sobre la importancia de una alimentación saludable y su impacto en la prevención de la obesidad infantil. Las experiencias de países como Chile y Brasil ofrecen lecciones valiosas para el diseño e implementación de políticas en otros países de la región. Estas iniciativas destacan la importancia de adoptar enfoques integrales que aborden los determinantes sociales, económicos y culturales de la obesidad infantil, promoviendo la colaboración intersectorial y el compromiso de todos los actores involucrados.

México enfrenta una de las tasas más altas de obesidad infantil a nivel mundial. Según datos recientes, el 35.6% de los niños mexicanos entre 5 y 11 años presentan sobrepeso u obesidad, lo que posiciona al país como líder en esta problemática en América Latina (Ramírez-González et al., 2021). Este fenómeno se relaciona con factores como el consumo de alimentos ultraprocesados, la publicidad dirigida a menores y la falta de acceso a opciones alimentarias saludables en escuelas y comunidades. En respuesta a esta crisis, México ha implementado diversas políticas de regulación alimentaria enfocadas en el entorno escolar. Entre las más destacadas se encuentran los lineamientos para el expendio de alimentos y bebidas en escuelas, que buscan limitar la oferta de productos con alto contenido calórico y fomentar opciones más saludables. Sin embargo, estudios recientes indican que la implementación de estas normativas enfrenta desafíos significativos, como la falta de supervisión y la resistencia de la industria alimentaria (Ramírez-González et al., 2021; Pérez-Escamilla et al., 2021). Por otro lado, el etiquetado frontal de advertencia, introducido en 2020, ha sido reconocido como una herramienta clave para informar a los consumidores sobre los riesgos asociados con alimentos altos en azúcares, grasas y sodio. Este etiquetado ha demostrado ser efectivo para reducir la compra de productos no saludables, aunque su impacto a largo plazo en la población infantil aún está en evaluación (Duran et al., 2021).

Estudios recientes han evaluado el impacto de estas políticas en la prevención de la obesidad infantil. Por ejemplo, Ramírez-González et al. (2021) señalan que los programas escolares que combinan regulación alimentaria con educación nutricional y promoción de actividad física son más efectivos para reducir el sobrepeso y la obesidad en niños. Además, Pérez-Escamilla et al. (2021) destacan que las políticas deben ser integrales, abarcando no solo el entorno escolar, sino también la regulación de la publicidad de alimentos dirigida a menores. En este sentido, la regulación publicitaria en México ha sido objeto de análisis crítico. Aunque existen avances en la limitación de anuncios en televisión y cine, los medios digitales siguen siendo un desafío importante, ya que los niños están expuestos a campañas agresivas de alimentos ultraprocesados en plataformas como YouTube y redes sociales (Carrillo & Gutiérrez, 2025).

 

MATERIALES Y MÉTODOS

 

El presente estudio adopta un enfoque cualitativo, orientado a comprender y analizar las políticas de regulación alimentaria y su impacto en la prevención de la obesidad infantil en escuelas de nivel básico. Este enfoque permite explorar las percepciones, experiencias y desafíos que enfrentan las instituciones educativas en la implementación de dichas políticas. El diseño de la investigación es de tipo exploratorio y descriptivo, centrado en el análisis de casos específicos. Se seleccionaron cuatro escuelas primarias como muestra, dos ubicadas en el municipio de Centro y dos en el municipio de Huimanguillo, Tabasco. Este diseño busca proporcionar una visión detallada del contexto local y las particularidades de cada entorno escolar.

 

La investigación se basa en tres tipos de fuentes de información:

Revisión documental: Se analizaron normativas gubernamentales, como los lineamientos para el expendio de alimentos en escuelas, y estudios académicos sobre el impacto de estas políticas en México.

 

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

 

La investigación realizada en las cuatro escuelas primarias de los municipios de Centro y Huimanguillo permitió identificar diversos aspectos relacionados con la implementación de las políticas de regulación alimentaria y su impacto en la prevención de la obesidad infantil. A través de las entrevistas semiestructuradas, se obtuvo información valiosa sobre el conocimiento y percepción de los actores escolares respecto a dichas políticas. Los directores y maestros de las escuelas del municipio de Centro demostraron tener un mayor conocimiento sobre los lineamientos establecidos por las autoridades, mencionando que han recibido capacitaciones ocasionales que les han permitido entender mejor las medidas a implementar. Sin embargo, en las escuelas de Huimanguillo, este conocimiento es limitado, lo que genera incertidumbre sobre cómo aplicar las normativas de manera efectiva. En ambos municipios, los maestros señalaron que los estudiantes tienen una marcada preferencia por alimentos ultraprocesados, como frituras, refrescos y dulces, lo cual dificulta la promoción de opciones más saludables. Además, en las escuelas de Huimanguillo, se destacó que las condiciones económicas de las familias influyen directamente en las decisiones alimentarias, limitando el acceso a productos saludables.

Durante las observaciones realizadas en las escuelas, se identificaron patrones importantes en el entorno alimentario y los hábitos de consumo de los estudiantes. En las escuelas de Centro, los comedores escolares ofrecían opciones saludables, como frutas y agua natural, aunque se detectó la presencia de vendedores ambulantes cercanos al plantel que ofrecían productos ultraprocesados, lo cual contradecía los esfuerzos realizados dentro de las instalaciones escolares. En Huimanguillo, los comedores carecían de una oferta amplia de alimentos saludables debido a la falta de recursos logísticos y económicos, y se observó que los estudiantes solían consumir alimentos preparados en casa, que en su mayoría incluían productos altos en azúcares y grasas. En términos de hábitos de consumo, los estudiantes de ambas localidades continuaban prefiriendo alimentos ultraprocesados durante los recreos, aunque en Centro se registraron algunos casos aislados de consumo de frutas y agua natural. Las prácticas relacionadas con la regulación alimentaria fueron más visibles en las escuelas de Centro, donde se promovían opciones saludables mediante carteles y actividades educativas, mientras que en Huimanguillo estas prácticas eran menos frecuentes debido a la falta de apoyo institucional.

La revisión documental permitió contextualizar los hallazgos obtenidos en las entrevistas y observaciones. Los lineamientos gubernamentales sobre el expendio de alimentos en escuelas establecen restricciones claras sobre la venta de productos altos en azúcares, grasas y sodio, pero no contemplan estrategias específicas para garantizar el cumplimiento en zonas rurales o marginadas, como Huimanguillo. Además, el etiquetado frontal de advertencia, implementado en México en 2020, busca informar a los consumidores sobre los riesgos asociados con ciertos productos. Sin embargo, investigaciones recientes señalan que esta medida no ha tenido un impacto significativo en los hábitos alimentarios de los niños, quienes continúan consumiendo alimentos ultraprocesados. Por otro lado, estudios revisados destacan la importancia de involucrar a los padres de familia en la promoción de hábitos saludables, ya que su participación es clave para modificar las preferencias alimentarias de los niños.

Los resultados obtenidos evidencian que, aunque las políticas de regulación alimentaria han sido implementadas en las escuelas de nivel básico, su impacto en la prevención de la obesidad infantil es limitado debido a factores estructurales, sociales y económicos. En las escuelas del municipio de Centro, se observa un mayor esfuerzo por cumplir con las normativas gracias a la capacitación del personal y la disponibilidad de recursos, pero la influencia de factores externos, como la oferta de alimentos ultraprocesados en tiendas cercanas, reduce la efectividad de las medidas. En contraste, en las escuelas de Huimanguillo, la falta de recursos y apoyo institucional dificulta la implementación de las políticas, reflejando una desigualdad en el acceso a herramientas para la promoción de hábitos saludables. Además, las percepciones de los actores escolares indican que la resistencia de los padres de familia y las preferencias de los estudiantes por alimentos ultraprocesados representan retos importantes para la implementación de las políticas. Esto coincide con lo señalado por Pérez-Gómez (2021) en su estudio sobre la obesidad infantil en México, quien argumenta que las políticas alimentarias requieren de un enfoque integral que considere las condiciones socioeconómicas y culturales de las comunidades escolares para ser efectivas. Por último, la revisión documental destaca que las políticas actuales carecen de enfoques específicos para abordar las particularidades de las zonas rurales y marginadas, lo que limita su alcance y efectividad. Esto subraya la necesidad de diseñar medidas adaptadas a los contextos locales y de fortalecer la capacitación del personal escolar en estas áreas. Los hallazgos sugieren que, para mejorar el impacto de las políticas alimentarias en la prevención de la obesidad infantil, es necesario implementar estrategias más inclusivas y adaptadas a las necesidades de cada región, así como fomentar la colaboración entre escuelas, familias y autoridades locales.

 

CONCLUSIÓN

 

La presente investigación permitió identificar que las políticas de regulación alimentaria en escuelas de nivel básico, aunque representan un avance significativo en la prevención de la obesidad infantil, enfrentan importantes limitaciones en su implementación y efectividad. Los hallazgos evidencian que factores estructurales, sociales y económicos, así como la resistencia de los padres de familia y las preferencias alimentarias de los estudiantes, dificultan el cumplimiento de estas normativas, especialmente en contextos rurales y marginados como el municipio de Huimanguillo. En las escuelas del municipio de Centro, se observó un mayor esfuerzo por implementar las políticas gracias a la capacitación del personal y la disponibilidad de recursos; sin embargo, la influencia de factores externos, como la oferta de alimentos ultraprocesados en tiendas cercanas, reduce el impacto de las medidas. Por otro lado, en Huimanguillo, la falta de infraestructura y apoyo institucional limita las posibilidades de promover hábitos alimentarios saludables, reflejando una desigualdad en el acceso a herramientas para la prevención de la obesidad infantil.

La investigación también subraya la importancia de involucrar a los padres de familia en la promoción de hábitos saludables, ya que su participación es clave para modificar las preferencias alimentarias de los niños. Asimismo, se destaca la necesidad de diseñar políticas más inclusivas y adaptadas a las particularidades de cada región, tomando en cuenta las condiciones socioeconómicas y culturales de las comunidades escolares. En conclusión, para que las políticas de regulación alimentaria logren un impacto significativo en la prevención de la obesidad infantil, es fundamental implementar estrategias integrales que consideren las realidades locales y fomenten la colaboración entre escuelas, familias y autoridades. Solo a través de un enfoque inclusivo y contextualizado será posible avanzar hacia una mejora sustancial en los hábitos alimentarios de los estudiantes y en la reducción de los índices de obesidad infantil.

 

REFERENCIAS

 

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