El aprendizaje del adulto joven en el contexto tecnológico actual
Young adult learning in today's technological context
Eva Margarita Rodríguez De Brea1, Olga Pereira De González2, Rosenda Alvarado De Jiménez3 y Evelia Herrera De Brea4
1Universidad de Panamá, Centro Regional Universitario de Veraguas, Facultad de Ciencias de la Educación, eva.rodríguezt@up.ac.pa, https://orcid.org/0000-0002-0963-5868, Panamá.
2Universidad de Panamá, Centro Regional Universitario de Veraguas. Olga.pereira@up.ac.pa, https://orcid.org/0009-0006-1172-0849, Panamá.
3Universidad Especializada de las Américas, Sede de Veraguas, rosenda.alvarado04@udelas.ac.pa, https://orcid.org/0000-0002-6578-2248, Panamá.
4Universidad de Panamá, Centro Regional Universitario de Veraguas. Facultad de Ciencias de la Educación, evelia.debrea@up.ac.pa, https://orcid.org/0000-0002-8576-5103, Panamá.
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Información del Artículo |
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RESUMEN |
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Trazabilidad: Recibido 04-12-2025 Revisado 05-12-2025 Aceptado 01-01-2026
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El estudio analiza cómo la tecnología influye en los procesos formativos de los adultos jóvenes. Este grupo etario, considerado nativo digital, enfrenta tanto oportunidades como retos en su aprendizaje, como el acceso a recursos interactivos y la sobreexposición a pantallas. El objetivo principal fue identificar las dinámicas de aprendizaje en entornos digitales, sus implicaciones cognitivas, sociales y emocionales, y proponer estrategias educativas que fortalezcan la autonomía y el pensamiento crítico. La investigación utilizó un enfoque cuantitativo, descriptivo y no experimental, con una muestra por conveniencia de 70 estudiantes universitarios. Mediante un cuestionario, se exploraron preferencias tecnológicas, hábitos de estudio, percepción sobre el impacto de las pantallas, participación en cursos extracurriculares y nivel de apoyo institucional. Los hallazgos revelan una alta valoración por recursos audiovisuales, un uso frecuente de herramientas tecnológicas, y una percepción positiva sobre su impacto en el aprendizaje autónomo. No obstante, también se identificaron limitaciones, como la fatiga digital y deficiencias en la alfabetización informacional. Se concluye que es esencial diseñar entornos educativos inclusivos y adaptativos que integren la tecnología de forma crítica y estratégica, promoviendo la autorregulación, el bienestar y el desarrollo integral del adulto joven. |
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Palabras Clave: Aprendizaje digital Adulto joven Autonomía educativa Competencias digitales |
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Keywords: Digital learning Young adults Educational autonomy Digital skills |
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ABSTRACT The study analyzes how technology influences the educational processes of young adults. This age group, considered digital natives, faces both opportunities and challenges in their learning, such as access to interactive resources and overexposure to screens. The main objective was to identify the dynamics of learning in digital environments, their cognitive, social, and emotional implications, and to propose educational strategies that strengthen autonomy and critical thinking. The research used a quantitative, descriptive, and non-experimental approach, with a convenient sample of 70 university students. Through a questionnaire, technological preferences, study habits, perceptions of the impact of screens, participation in extracurricular courses, and level of institutional support were explored. The findings reveal a high valuation of audiovisual resources, frequent use of technological tools, and a positive perception of their impact on autonomous learning. However, limitations were also identified, such as digital fatigue and deficiencies in information literacy. It is concluded that it is essential to design inclusive and adaptive educational environments that integrate technology critically and strategically, promoting self-regulation, well-being, and the comprehensive development of young adults.
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INTRODUCCIÓN
La revolución digital ha reconfigurado el modo en que la sociedad obtiene, genera y difunde el saber. En este escenario, el grupo de adultos jóvenes, con edades entre 18 a 30 años, emerge como figura central de un nuevo modelo de aprendizaje, marcado por la utilización diaria de tecnologías digitales. Esta generación, frecuentemente llamada "nativa digital", no solo se encuentra con nuevas posibilidades para su crecimiento educativo, sino también con retos que ponen en riesgo la profundidad, la concentración y la independencia en el proceso de aprendizaje.
En el siglo XXI, el aprendizaje a lo largo de la vida se ha transformado en un imperativo, especialmente para el adulto joven que transita por una etapa de consolidación de su identidad personal, profesional y social. Este grupo etario, comprendido generalmente entre los 18 y 30 años, se encuentra inmerso en una realidad marcada por el avance vertiginoso de la tecnología digital, la automatización de procesos, y el acceso instantáneo a la información. En este contexto, aprender no solo implica adquirir nuevos conocimientos, sino también desarrollar habilidades metacognitivas, adaptativas y tecnológicas que les permitan interactuar críticamente con su entorno.
Los estudios recientes reflejan cómo la tecnología se ha convertido en un componente esencial en las prácticas educativas formales e informales. Según Mayer et al. (2019), los adultos jóvenes logran fortalecer sus funciones ejecutivas mediante entornos de aprendizaje mediados por herramientas tecnológicas interactivas. Esto evidencia que las plataformas digitales no solo facilitan el acceso a contenidos, sino que también potencian procesos cognitivos clave para el aprendizaje autónomo y significativo.
Sin embargo, este escenario también impone desafíos. Taylor (2008) subraya la complejidad del desarrollo identitario del adulto joven y cómo este puede verse afectado por las presiones tecnológicas, la sobreexposición informativa y la necesidad constante de actualización. El aprendizaje en este grupo no puede reducirse a una simple transferencia de información; requiere una pedagogía que reconozca la diversidad cognitiva, emocional y social de los adultos jóvenes, así como su necesidad de sentido, pertenencia y propósito.
En este sentido, el aprendizaje significativo en adultos jóvenes debe promover entornos flexibles, personalizados y emocionalmente seguros. Chien (2017) muestra cómo el aprendizaje basado en problemas (PBL) y el uso de inteligencia artificial en el aula pueden contribuir a la formación integral de los estudiantes, permitiéndoles conectar el conocimiento con situaciones reales y fomentar la resolución crítica de problemas. Este tipo de enfoques tecnológicos y experienciales se alinean con los intereses y modos de aprender de esta generación digitalmente nativa. Por otro lado, no puede obviarse el impacto psicosocial que tiene el aprendizaje en la vida del adulto joven. Investigaciones como las de Cheak & Odunleye (2022) abordan cómo el aprendizaje es también una herramienta para la inclusión, la superación de barreras emocionales y el desarrollo del bienestar. En este contexto, el acceso equitativo a la tecnología y a recursos educativos debe considerarse un derecho clave para garantizar procesos de aprendizaje integrales y sostenibles.
La tecnología, entonces, no es un fin en sí misma, sino un medio que puede amplificar o limitar el aprendizaje dependiendo de cómo se integre pedagógicamente. La clave está en diseñar experiencias educativas que respeten los ritmos, intereses y contextos culturales del adulto joven. Esto implica también un compromiso institucional con la formación de docentes capacitados, la implementación de infraestructuras adecuadas y la creación de políticas educativas que favorezcan el aprendizaje activo, colaborativo y situado.
Desde hace unas décadas esta temática ha sido tratada por algunos autores tal es el caso de Taylor (2008), quien analizó el desarrollo del pensamiento complejo en adultos jóvenes y concluyó que este grupo etario requiere entornos que estimulen la reflexión crítica y la autonomía. Su estudio resalta la importancia de estrategias educativas centradas en el estudiante, especialmente en un contexto donde la tecnología redefine las prácticas formativas.
En el aporte de Verneau et al. (2014) se destacó la capacidad de los adultos jóvenes para incorporar aprendizajes implícitos y explícitos en tareas motrices y cognitivas con el uso de tecnología. Su estudio refuerza la idea de que la edad favorece la adaptabilidad a plataformas digitales de aprendizaje.
Por su parte, Mayer et al. (2019) examinaron cómo los adultos jóvenes adquieren habilidades ejecutivas mediante tecnologías educativas interactivas. Su investigación evidencia que el aprendizaje basado en medios digitales promueve la autorregulación y mejora la transferencia del conocimiento a contextos reales. Mientras que Da Cruz et al. (2019) desde un contexto clínico, sustentan la importancia de entornos complejos y adaptativos para el desarrollo integral del adulto joven. Este planteamiento es extrapolable al ámbito educativo, donde los entornos digitales ofrecen el mismo grado de complejidad.
Esta temática ha sido abordada desde diferentes contextos, tal es el caso del estudio de Cheak & Odunleye (2022), el cual se centra en jóvenes adultos con autismo, resaltando cómo los recursos tecnológicos personalizados pueden mejorar significativamente sus habilidades de afrontamiento y aprendizaje. Esto amplía la comprensión sobre el valor de la tecnología inclusiva en contextos educativos.
A partir de comprender las trayectorias individuales de los jóvenes adultos en el contexto educativo, especialmente ante situaciones de crisis o estrés, Yamasaki et al. (2022) sugieren que la tecnología debe adaptarse a las particularidades emocionales y cognitivas de este grupo. Mientras que Enriquez (2024) abordó cómo los jóvenes procesan narrativas históricas a través de medios digitales, señalando que el aprendizaje profundo ocurre cuando se conecta la experiencia personal con contenidos significativos. Esto apunta a un enfoque pedagógico centrado en la tecnología como mediador de sentido.
Con base en los argumentos desarrollados, este estudio se orienta al análisis de las dinámicas del aprendizaje en adultos jóvenes en el contexto tecnológico actual, identificando las oportunidades y desafíos que presentan los entornos digitales para el desarrollo cognitivo, emocional y social, con el fin de proponer estrategias educativas que potencien su autonomía, autorregulación y sentido crítico.
MATERIALES Y MÉTODOS
Este estudio se enmarca en el enfoque cuantitativo, ya que se basa en la recolección y análisis de datos numéricos (Cadena-Iñiguez et al., 2017), obtenidos a través de un instrumento estructurado. Este enfoque permite identificar patrones y tendencias en las experiencias de aprendizaje de los adultos jóvenes, especialmente en relación con el uso de tecnologías en entornos educativos.
En cuanto al tipo de investigación, se trata de un estudio descriptivo, pues caracteriza las percepciones, hábitos y competencias digitales de los adultos jóvenes sin intervenir en las variables observadas. Se pretende, por tanto, ofrecer una visión general y detallada de cómo este grupo etario interactúa con los recursos tecnológicos en su proceso formativo.
Respecto al diseño, se utilizó un diseño no experimental, transeccional y de campo, los cuales no tienen determinación aleatoria, manipulación de variables o grupos de comparación (Sousa et al., 2007). Es no experimental porque no se manipulan deliberadamente las variables; transeccional porque la información fue recolectada en un solo momento en el tiempo; y de campo, debido a que los datos se obtuvieron directamente del entorno natural de los participantes, en este caso, el contexto universitario.
La población del estudio está conformada por los estudiantes de la Facultad de Ciencias de la Educación del Centro Regional Universitario de Veraguas (CRUV), Universidad de Panamá. Se seleccionó una muestra por conveniencia compuesta por 70 adultos jóvenes, definidos en este estudio como personas con edades comprendidas entre los 18 y 30 años. Esta muestra fue elegida considerando la accesibilidad de los participantes y su disposición a colaborar con el estudio.
Para la recolección de información se aplicó un cuestionario diseñado para explorar las experiencias, percepciones y hábitos de aprendizaje de los adultos jóvenes en contextos mediados por tecnología. Consta de una serie de preguntas cerradas orientadas a identificar preferencias en el uso de contenidos digitales, niveles de participación en formaciones virtuales extracurriculares, percepción sobre el impacto del uso de pantallas en la concentración, preparación para identificar información confiable en internet y grado de apoyo institucional recibido para desarrollar competencias digitales.
Además, el cuestionario permite explorar el entorno educativo del estudiante, evaluando de forma subjetiva el respaldo recibido por parte de la universidad, así como la autopercepción sobre su preparación para desenvolverse en entornos digitales.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
La Figura 1 muestra las preferencias que los jóvenes adultos tienen para estudiar formatos de contenido para el aprendizaje digital. Se observa una marcada inclinación hacia recursos interactivos y audiovisuales, siendo las aplicaciones interactivas las más valoradas con un 37.7%, seguidas muy de cerca por los videos explicativos con un 36.3%. En contraste, los formatos más tradicionales como las lecturas en PDF o eBooks, así como las infografías o mapas conceptuales, obtuvieron solo un 13% de preferencia cada uno.

Fig. 1: Contenido digital que se prefiere estudiar
La figura 2 muestra la frecuencia con la que los adultos jóvenes utilizan herramientas tecnológicas para apoyar el aprendizaje académico. El 50% de los encuestados indicó que siempre lo hace, mientras que un 40% afirmó hacerlo frecuentemente. Solo un 10% señaló que lo hace ocasionalmente.

Fig. 2: Frecuencia en que se utiliza herramientas tecnológicas para apoyar el aprendizaje académico
La Figura 3 refleja las percepciones sobre el impacto del uso de la tecnología en la capacidad de aprender de forma autónoma. La gran mayoría de los encuestados manifestó una valoración positiva: el 55.7% está de acuerdo y el 42.9% está totalmente de acuerdo con que la tecnología favorece este tipo de aprendizaje. Solo un 1.4% expresó estar en desacuerdo, lo que evidencia un consenso casi unánime respecto al papel positivo que desempeñan las herramientas tecnológicas en el fortalecimiento de la autonomía en el proceso de aprendizaje.

Fig. 3: Impacto del uso de la tecnología en la capacidad de aprender de forma autónoma
La Figura 4 destaca la percepción del uso excesivo de pantallas o dispositivos en la concentración durante el estudio. Los resultados indican que la mayoría de los encuestados (75.7%) afirma que algunas veces experimenta dificultades de concentración debido a este factor. Un 12.9% señala que esto ocurre rara vez, mientras que un 10% manifiesta que sucede siempre. Solo un 1.4% indicó que nunca ha tenido problemas de concentración por esta causa. Estos datos sugieren que, aunque no en todos los casos, el uso prolongado de dispositivos digitales afecta en algún grado la capacidad de concentración durante el estudio para la mayoría de los participantes.

Fig. 4: Efectos del uso excesivo de pantallas o dispositivos en la concentración durante el estudio
La Figura 5 muestra la medida en que los adultos jóvenes encuestados ha participado en cursos, talleres o capacitaciones en línea fuera del ámbito de los estudios formales. El 45.8% de los encuestados indicó que no ha participado, pero le gustaría hacerlo, lo que revela un interés significativo por la formación complementaria en línea. Por otro lado, un 27.1% señaló que ha participado una vez, y otro 27.1% que lo ha hecho en varias ocasiones.

Fig. 5: Participación en curso, taller o capacitación en línea fuera de los estudios formales
La Figura 6 expone el nivel de preparación que perciben los encuestados para identificar información confiable en internet. La mayoría, con un 58.6%, se considera algo preparada, lo que sugiere una confianza moderada en sus habilidades de evaluación crítica en entornos digitales. Un 21.4% se percibe muy preparado(a), lo que representa un grupo con mayor seguridad en su criterio informativo.

Fig. 6: Preparación para identificar información confiable en internet
La figura 7 sobre la percepción del nivel de apoyo que ofrece la universidad para desarrollar competencias digitales revela que la mayoría de los encuestados (51.4%) considera que dicho apoyo es de un nivel medio. Un 30% lo percibe como bajo, mientras que solo un 18.6% lo califica como alto. Estos datos indican que, aunque existe cierta presencia institucional en el desarrollo de competencias digitales, aún hay oportunidades de mejora para fortalecer el respaldo que la universidad brinda en este ámbito clave para la formación académica y profesional.

Fig. 7: Percepción del nivel de apoyo que ofrece la universidad para desarrollar competencias digitales
Los resultados obtenidos muestran una marcada preferencia de los adultos jóvenes por recursos digitales interactivos y audiovisuales, con un alto uso frecuente de herramientas tecnológicas para el aprendizaje académico. Esta tendencia coincide con lo planteado por Ioannidou & Zarifis (2024), quienes argumentan que la integración de entornos virtuales inmersivos favorece el compromiso y la retención de la información, especialmente en contextos donde la interacción con el contenido es clave para sostener la motivación y el aprendizaje autónomo. En ambos casos, se evidencia que la tecnología no solo es un medio de acceso, sino un catalizador de experiencias formativas más dinámicas.
La percepción positiva de la mayoría de los encuestados respecto a que la tecnología favorece el aprendizaje autónomo (98.6% sumando de acuerdo y totalmente de acuerdo) se alinea con lo reportado por Ghanamah & Adi-Japha (2023), quienes destacan que la autorregulación se potencia cuando las herramientas digitales incorporan retroalimentación inmediata y adaptativa. Sin embargo, estos autores también advierten que la efectividad depende de la coherencia entre el diseño de la herramienta y los objetivos de aprendizaje, lo que sugiere que la mera disponibilidad tecnológica no garantiza mejoras sustantivas en la autonomía.
Respecto al impacto del uso prolongado de dispositivos en la concentración de algunos estudiantes (75.7% algunas veces) es consistente con lo planteado por Beckmeyer et al. (2022), quienes identificaron que la sobreexposición a pantallas genera un fenómeno de “fatiga digital” que impacta negativamente la capacidad atencional y el procesamiento profundo de la información. Este aspecto subraya la necesidad de establecer estrategias pedagógicas que promuevan pausas activas y alternancia de formatos para mitigar los efectos adversos.
En cuanto a la participación en cursos y capacitaciones en línea fuera del ámbito formal, se observa un interés potencialmente no aprovechado, pues el 45.8% no ha participado, aunque le gustaría hacerlo. Esto coincide con la observación de Cheak & Odunleye (2022) sobre la importancia de diseñar experiencias de aprendizaje flexibles y accesibles para públicos diversos, incluyendo aquellos con barreras de acceso o necesidades específicas, lo que podría incrementar significativamente la participación en formación complementaria.
La autopercepción de preparación para identificar información confiable en internet, mayoritariamente “algo preparada” (58.6%), refleja un área de mejora en alfabetización informacional. Bowman et al. (2022) señalan que la habilidad para evaluar la credibilidad de las fuentes no es un rasgo innato de los nativos digitales, sino una competencia que debe cultivarse mediante instrucción explícita y práctica guiada. Este hallazgo sugiere que, aunque los adultos jóvenes dominan el uso instrumental de la tecnología, su manejo crítico requiere un apoyo educativo más estructurado.
Respecto al apoyo institucional para desarrollar competencias digitales, el hecho de que más de la mitad de los encuestados lo perciba como “medio” o “bajo” (81.4%) plantea un desafío para las universidades. En esta línea, Mutter & Arnold (2021) evidencian que la falta de una estrategia institucional coherente limita la integración efectiva de las tecnologías en el currículo, reduciendo el impacto potencial en el desarrollo de habilidades clave para el mercado laboral y la ciudadanía digital.
La convergencia de estos hallazgos con la literatura reciente refuerza la idea de que el aprendizaje de los adultos jóvenes en entornos tecnológicos es un proceso condicionado por la calidad de la interacción, el diseño pedagógico y el apoyo institucional. La discusión invita a repensar las políticas educativas para equilibrar el uso intensivo de herramientas digitales con estrategias que fomenten la concentración, la alfabetización crítica y la formación continua, respondiendo así a los desafíos identificados tanto en el estudio como en investigaciones internacionales recientes.
CONCLUSIÓN
El aprendizaje del adulto joven en el contexto tecnológico actual se configura como un proceso multifacético, donde convergen factores cognitivos, emocionales, sociales y tecnológicos. Los resultados del estudio revelan que esta población valora significativamente las herramientas digitales interactivas, reconociendo en ellas un medio eficaz para fomentar la autonomía, la motivación y la participación en su proceso formativo. Sin embargo, también se evidencian desafíos importantes, como la fatiga digital, la dificultad para mantener la concentración y la necesidad de fortalecer la alfabetización informacional.
Estos hallazgos subrayan la urgencia de diseñar estrategias pedagógicas inclusivas, adaptativas y centradas en el estudiante, así como de reforzar el rol institucional en la formación de competencias digitales. En este sentido, no basta con ofrecer acceso a la tecnología; es imprescindible garantizar entornos de aprendizaje que promuevan el pensamiento crítico, la autorregulación y el bienestar integral del adulto joven. Solo así será posible transformar el potencial de la era digital en una herramienta real para el crecimiento personal, profesional y ciudadano de esta generación.
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