Rutinas pedagógicas y seguridad emocional en niños de educación inicial

 

Pedagogical routines and emotional security in early childhood education children

 

Carolina Elizabeth León Gómez1, Isabella Mariasol Ruiz Ramírez2, Paulette Marisol García Ramírez3, María Cristina Vera Duque4, Ruth Lelis Briones Fajardo5 y Tanya Maryuri Ramírez Briones6

¹Universidad Bolivariana del Ecuador, carolina.leon@docentes.educacion.edu.ec, https://orcid.org/0009-0008-2814-5339, Ecuador

2Universidad Estatal de Milagro, bela030515@gmail.com, https://orcid.org/0009-0008-3740-0119, Ecuador

3Universidad Estatal de Milagro, paulette.garcia@docentes.educacion.edu.ec, https://orcid.org/0009-0009-2923-3143, Ecuador

4Universidad Bolivariana del Ecuador, mariac.vera@docentes.educacion.edu.ec, https://orcid.org/0009-0009-5168-0492, Ecuador

5Universidad Bolivariana del Ecuador, lelis.briones@docentes.educacion.edu.ec, https://orcid.org/0009-0002-1401-9493, Ecuador

6Universidad de Guayaquil, maryuri.ramirez@docentes.educacion.edu.ec, https://orcid.org/0009-0003-1298-1408, Ecuador

 

Información del Artículo

 

RESUMEN

 

Trazabilidad:

Recibido 03-05-2026

Revisado 04-05-2026

Aceptado 01-07-2026

 

 

 

La presente investigación tuvo como objetivo determinar la contribución de las rutinas pedagógicas en la seguridad emocional de los niños de educación inicial de una unidad educativa del cantón Daule, provincia del Guayas. El estudio se desarrolló bajo un enfoque cuantitativo, con alcance descriptivo y diseño no experimental de corte transversal. La población estuvo conformada por 27 estudiantes y la muestra por 20 niños, seleccionados mediante un muestreo no probabilístico intencional con criterios de inclusión y exclusión. La técnica empleada fue la observación directa y el instrumento correspondió a una guía de observación integrada por 12 ítems, distribuidos en dos variables y valorados mediante la escala Sí, En proceso y No. Los resultados evidenciaron una tendencia moderadamente favorable en ambas variables, destacándose la participación de los estudiantes en las rutinas diarias, el cumplimiento de normas, la autonomía durante las actividades y la confianza para interactuar con docentes y compañeros. Se concluyó que las rutinas pedagógicas favorecieron el fortalecimiento de la seguridad emocional al proporcionar ambientes organizados, estables y predecibles que promovieron la adaptación, la participación y el bienestar de los niños durante la jornada escolar. Estos hallazgos resaltan la importancia de fortalecer las prácticas pedagógicas orientadas al desarrollo socioemocional en la educación inicial.

Palabras Clave:

Rutinas pedagógicas

Seguridad emocional

Educación inicial

Desarrollo socioemocional

 

Keywords:

Pedagogical routines

Emotional security

Early childhood education

Socio-emotional development

 

ABSTRACT

This study aimed to determine the contribution of pedagogical routines to the emotional security of children enrolled in early childhood education at an educational institution in Daule, Guayas Province. The research followed a quantitative approach with a descriptive scope and a non-experimental cross-sectional design. The population consisted of 27 students, while the sample included 20 children selected through non-probability purposive sampling based on inclusion and exclusion criteria. Direct observation was used as the data collection technique, and the instrument was an observation guide composed of 12 items distributed across two variables and assessed using the categories Yes, In Progress, and No. The findings revealed a moderately favorable trend in both variables, highlighting students' participation in daily routines, compliance with classroom rules, autonomy during learning activities, and confidence when interacting with teachers and classmates. It was concluded that pedagogical routines contributed to strengthening emotional security by providing organized, stable, and predictable learning environments that promoted adaptation, participation, and well-being throughout the school day. These findings emphasize the importance of reinforcing pedagogical practices that foster socio-emotional development in early childhood education.

 

 

INTRODUCCIÓN

 

Las rutinas pedagógicas constituyen un conjunto de experiencias planificadas que organizan de manera sistemática el tiempo, los espacios y las actividades de aprendizaje, favoreciendo el desarrollo integral de los niños mediante acciones repetidas con intencionalidad educativa (Tomalá et al., 2025). En la educación inicial, su aplicación permite que los estudiantes anticipen las actividades de la jornada, desarrollen hábitos de convivencia y participen con mayor confianza en las experiencias propuestas por el docente, fortaleciendo progresivamente su adaptación al entorno escolar.

La organización cotidiana del aula mediante rutinas favorece la adquisición de habilidades relacionadas con la autonomía, la autorregulación y la interacción social, debido a que proporciona un ambiente estructurado que reduce la incertidumbre y facilita la participación infantil (Ruano, 2026). En consecuencia, los docentes que planifican secuencias estables de actividades promueven un clima de aprendizaje más organizado, permitiendo que los niños afronten con mayor seguridad las transiciones entre las diferentes experiencias educativas y consoliden aprendizajes significativos.

Las rutinas pedagógicas se conceptualizan como secuencias de acciones intencionadas que orientan la organización del tiempo, los espacios y las experiencias de aprendizaje, permitiendo que las actividades respondan a los objetivos curriculares y a las necesidades de desarrollo de los niños (Tomalá et al., 2025). Desde la práctica educativa, esta concepción permite comprender que cada momento de la jornada escolar constituye una oportunidad para fortalecer hábitos, normas de convivencia y habilidades que favorecen una participación activa dentro del aula.

Desde el enfoque de la educación inicial, las rutinas pedagógicas trascienden la organización de actividades repetitivas, ya que promueven la construcción de aprendizajes mediante experiencias permanentes de interacción, exploración y acompañamiento docente (Ruano, 2026). En este contexto, la adecuada planificación de las actividades diarias facilita que los niños desarrollen mayor autonomía, comprendan la secuencia de la jornada escolar y establezcan relaciones positivas con sus compañeros y docentes, favoreciendo un ambiente propicio para su desarrollo integral.

Una de las principales características de las rutinas pedagógicas es su organización sistemática, ya que establecen una secuencia predecible de actividades que facilita la comprensión de las normas del aula y fortalece el sentido de pertenencia de los niños al contexto escolar (Tekerci & Yildirim, 2026). En la práctica educativa, la existencia de horarios y actividades previamente estructuradas permite que los estudiantes afronten con mayor tranquilidad las transiciones entre las diferentes experiencias de aprendizaje, favoreciendo un ambiente de confianza y estabilidad

Otra característica de las rutinas pedagógicas es su flexibilidad, debido a que, aunque mantienen una estructura organizada, pueden ajustarse a las necesidades, intereses y ritmos de aprendizaje de los niños sin perder su intencionalidad educativa (Tekerci & Yildirim, 2026). Esta condición permite que el docente responda oportunamente a las particularidades del grupo, promoviendo experiencias inclusivas que favorecen la participación activa y el desarrollo integral de todos los estudiantes.

Las rutinas pedagógicas también se caracterizan por su carácter formativo, puesto que favorecen el desarrollo progresivo de hábitos, valores y habilidades sociales mediante la repetición de experiencias significativas dentro del aula (Tekerci & Yildirim, 2026). Desde la experiencia en educación inicial, la práctica constante de acciones como el saludo, la organización de materiales, el trabajo colaborativo y el cierre de la jornada fortalece la autonomía infantil y contribuye al establecimiento de relaciones positivas entre docentes y estudiantes.

Las rutinas pedagógicas adquieren especial importancia en la educación inicial porque generan ambientes predecibles que favorecen el bienestar, la autorregulación y el desarrollo socioemocional de los niños, contribuyendo a que afronten con mayor seguridad las actividades cotidianas del aula (Selman & Dilworth-Bart, 2023). En el contexto escolar, la organización permanente de los momentos de aprendizaje facilita la adaptación de los estudiantes a las normas institucionales y fortalece su disposición para participar de manera activa en las experiencias educativas.

La implementación sistemática de rutinas pedagógicas fortalece la calidad del proceso de enseñanza, ya que proporciona condiciones favorables para el aprendizaje, mejora la interacción entre docentes y estudiantes y promueve un clima escolar basado en el respeto, la confianza y la estabilidad (Selman & Dilworth-Bart, 2023). En las aulas de educación inicial, estas condiciones permiten que los niños desarrollen progresivamente hábitos de trabajo, autonomía y responsabilidad, aspectos que favorecen su desarrollo integral y su permanencia activa durante la jornada escolar.

La teoría ecológica del desarrollo humano sostiene que el aprendizaje infantil se encuentra influenciado por la interacción constante entre el niño y los diferentes contextos en los que participa, siendo el entorno escolar uno de los escenarios con mayor incidencia en su desarrollo (Bronfenbrenner, 1979). Desde esta perspectiva, las rutinas pedagógicas constituyen un elemento del microsistema educativo que organiza las experiencias diarias y favorece la construcción de ambientes seguros, estables y estimulantes para el aprendizaje, fortaleciendo la interacción positiva entre el docente y los estudiantes.

La teoría sociocultural plantea que el aprendizaje se construye mediante la interacción social y la mediación del docente, quien organiza experiencias significativas que favorecen el desarrollo progresivo de las capacidades infantiles (Vygotsky, 1978). En consecuencia, las rutinas pedagógicas representan una estrategia de mediación que orienta las actividades diarias, facilita la participación de los niños y promueve la adquisición gradual de habilidades cognitivas, sociales y emocionales dentro del contexto educativo.

Las rutinas pedagógicas mantienen una estrecha relación con la seguridad emocional porque la organización sistemática de las actividades escolares proporciona a los niños un ambiente predecible que disminuye la incertidumbre y fortalece la confianza durante las interacciones cotidianas, favoreciendo su bienestar y autorregulación emocional (Selman & Dilworth-Bart, 2023). En este sentido, la seguridad emocional constituye una condición indispensable para el desarrollo integral de los niños durante la primera infancia, ya que favorece la construcción de relaciones de confianza, la expresión adecuada de las emociones y la adaptación a los diferentes contextos de aprendizaje (Dias et al., 2024). En el ámbito de la educación inicial, un ambiente que brinda protección, afecto y estabilidad permite que los estudiantes participen con mayor tranquilidad en las actividades escolares, fortaleciendo progresivamente su bienestar y disposición para aprender.

La consolidación de la seguridad emocional durante los primeros años de vida favorece el desarrollo de competencias sociales, emocionales y cognitivas que influyen positivamente en el desempeño escolar y en la construcción de relaciones interpersonales saludables (Hosokawa, 2024). En consecuencia, cuando los niños perciben que el entorno educativo responde de manera respetuosa a sus necesidades afectivas, manifiestan mayor confianza para explorar, interactuar con sus compañeros y afrontar nuevas experiencias de aprendizaje.

La seguridad emocional se conceptualiza como la percepción de protección, confianza y estabilidad que experimenta el niño dentro de las relaciones que establece con las personas significativas de su entorno, permitiéndole expresar sus emociones y desenvolverse con confianza frente a los desafíos cotidianos (Dias et al., 2024). Desde la práctica educativa, esta condición se fortalece cuando el docente establece vínculos afectivos basados en el respeto, la empatía y la atención permanente a las necesidades emocionales de cada estudiante.

Desde una perspectiva educativa, la seguridad emocional implica que los niños desarrollen la confianza suficiente para participar activamente en las experiencias escolares, regular sus emociones y establecer relaciones positivas con sus pares y docentes (Hosokawa, 2024). En las aulas de educación inicial, esta capacidad favorece un clima de convivencia armónico donde los estudiantes se sienten aceptados, valorados y motivados para involucrarse en las diferentes actividades propuestas durante la jornada escolar.

La seguridad emocional se caracteriza por favorecer la autorregulación emocional, permitiendo que los niños identifiquen, comprendan y expresen sus emociones de manera adecuada frente a las diferentes situaciones que experimentan en el contexto escolar (Denham et al., 2021). En la educación inicial, esta capacidad se evidencia cuando los estudiantes afrontan los cambios de la jornada con mayor tranquilidad, resuelven pequeños conflictos mediante el diálogo y aceptan las orientaciones del docente sin manifestar elevados niveles de ansiedad.

Otra característica de la seguridad emocional es la capacidad para establecer vínculos afectivos basados en la confianza y el respeto con los adultos y con sus compañeros, aspecto que fortalece el sentido de pertenencia y la adaptación al entorno educativo (Hosokawa, 2024). En el desarrollo cotidiano de las actividades escolares, los niños que perciben un ambiente afectivamente seguro suelen participar con mayor espontaneidad, compartir experiencias con sus pares y demostrar actitudes positivas durante el trabajo colaborativo.

La seguridad emocional también se manifiesta mediante la confianza para explorar el entorno, participar en nuevas experiencias y asumir retos acordes con el nivel de desarrollo infantil, favoreciendo la curiosidad y el aprendizaje significativo (Dias et al., 2024). En este contexto, cuando los estudiantes perciben apoyo y aceptación por parte del docente, incrementan su iniciativa para expresar ideas, formular preguntas y participar activamente en las actividades propuestas dentro del aula.

La seguridad emocional constituye un elemento esencial en la educación inicial porque favorece el bienestar integral del niño y crea condiciones propicias para el aprendizaje, la convivencia y el desarrollo de competencias socioemocionales que influyen en su trayectoria educativa (UNESCO, 2024). Desde la práctica pedagógica, promover ambientes emocionalmente seguros fortalece la confianza de los estudiantes, mejora la interacción con sus compañeros y facilita una participación constante durante la jornada escolar.

La presencia de seguridad emocional en el aula fortalece la calidad de los procesos educativos al favorecer relaciones positivas entre docentes y estudiantes, incrementar la motivación por aprender y disminuir conductas asociadas al miedo, la inseguridad o el aislamiento (OECD, 2023). En consecuencia, la generación de espacios donde predominen el respeto, la escucha y el acompañamiento permanente contribuye significativamente al desarrollo integral de los niños durante los primeros años de escolaridad.

La teoría del apego sostiene que las relaciones afectivas seguras con las figuras significativas favorecen la confianza, la regulación emocional y la exploración del entorno, aspectos indispensables para el desarrollo socioemocional durante la infancia (Bowlby, 1988). En el contexto educativo, el docente puede convertirse en una figura de apoyo que fortalezca la seguridad emocional del niño mediante interacciones sensibles, respuestas oportunas y un ambiente caracterizado por la protección y el afecto.

La teoría del aprendizaje social explica que las conductas emocionales y sociales se adquieren mediante la observación, la imitación y la interacción con modelos significativos presentes en el entorno del niño (Bandura, 1986). Desde esta perspectiva, la actuación del docente y el clima afectivo del aula influyen directamente en el desarrollo de la seguridad emocional, ya que los estudiantes aprenden formas de expresar sus emociones, resolver conflictos y establecer relaciones respetuosas a partir de las experiencias que viven diariamente.

En los últimos años, el fortalecimiento de la seguridad emocional en la primera infancia ha adquirido mayor relevancia debido a su influencia sobre el bienestar, la convivencia y los procesos de aprendizaje de los niños, siendo el entorno escolar un espacio determinante para su desarrollo (UNESCO, 2024). A pesar de ello, en diversas instituciones educativas aún se observan prácticas pedagógicas poco estructuradas que dificultan la consolidación de ambientes estables y predecibles, limitando las oportunidades para que los estudiantes desarrollen confianza y seguridad durante su permanencia en el aula.

Diversas investigaciones evidencian que las rutinas pedagógicas favorecen la organización de los procesos educativos y contribuyen al desarrollo de habilidades socioemocionales cuando son planificadas de manera intencional y coherente con las características evolutivas de los niños (Tomalá et al., 2025). Sin embargo, en algunos contextos escolares las actividades diarias se desarrollan sin una secuencia claramente definida, generando dificultades en la adaptación de los estudiantes y afectando su participación durante las experiencias de aprendizaje.

La literatura científica también señala que los ambientes educativos caracterizados por la estabilidad, la organización y las relaciones afectivas positivas favorecen el desarrollo de la seguridad emocional infantil (Hosokawa, 2024). No obstante, en determinadas aulas de educación inicial persisten situaciones en las que la escasa planificación de las actividades, los cambios constantes en la dinámica escolar y la limitada previsibilidad de las acciones pedagógicas pueden generar inseguridad, dependencia y dificultades para la regulación emocional de los estudiantes.

En una unidad educativa del cantón Daule, provincia del Guayas, se ha observado que algunos niños presentaban dificultades para adaptarse a las actividades de la jornada escolar, manifestando inseguridad al iniciar nuevas tareas, dependencia frecuente del docente y escasa participación en determinados momentos de aprendizaje. Estas situaciones evidenciaron la necesidad de analizar si la organización de las rutinas pedagógicas influye en el fortalecimiento de la seguridad emocional de estudiantes de educación inicial que participaron en el presente estudio.

En este contexto, la investigación tuvo como objetivo general determinar la relación entre las rutinas pedagógicas y la seguridad emocional en los niños de educación inicial de una unidad educativa del cantón Daule, provincia del Guayas. La realización del estudio se justifica bajo la necesidad de generar información que pueda servir de base para fortalecer las prácticas docentes orientadas a crear ambientes educativos organizados, seguros y favorables para el desarrollo integral de los estudiantes.

La investigación se justificó desde el ámbito educativo porque los resultados podrán servir como referente para docentes y directivos en la planificación de estrategias que fortalezcan las rutinas pedagógicas y promuevan la seguridad emocional durante la primera infancia (OECD, 2023). Asimismo, su aporte práctico permitirá fundamentar acciones de mejora orientadas a consolidar ambientes de aprendizaje que favorezcan el bienestar, la participación y el desarrollo socioemocional de los niños de educación inicial.

 

MATERIALES Y MÉTODOS

 

La investigación se desarrolló bajo un enfoque cuantitativo, debido a que permitió obtener información objetiva sobre las variables rutinas pedagógicas y seguridad emocional mediante la recopilación y el análisis de datos numéricos. Asimismo, presentó un alcance descriptivo, puesto que se orientó a identificar las características observadas en ambas variables dentro del contexto de una unidad educativa del cantón Daule, provincia del Guayas.

El estudio se ejecutó mediante un diseño no experimental de corte transversal, ya que las variables fueron observadas en su contexto natural sin manipulación alguna y la información se recopiló en un único momento del proceso investigativo. Este diseño permitió describir las condiciones presentes durante el desarrollo de las actividades pedagógicas y el comportamiento de los estudiantes en relación con la seguridad emocional.

La población estuvo conformada por 27 estudiantes de educación inicial pertenecientes a una unidad educativa del cantón Daule, provincia del Guayas. La muestra quedó integrada por 20 estudiantes, seleccionados mediante un muestreo no probabilístico intencional, considerando criterios de inclusión y exclusión previamente establecidos para garantizar la pertinencia de los participantes con los objetivos de la investigación.

Como criterios de inclusión se consideró a los estudiantes matriculados regularmente en el nivel de educación inicial, con asistencia permanente durante el período de recolección de datos y cuyos representantes legales autorizaron su participación mediante el consentimiento informado. Como criterios de exclusión se estableció a los estudiantes con inasistencia reiterada durante el proceso de observación, aquellos que no contaron con la autorización de sus representantes y quienes, por situaciones excepcionales, no participaron en las actividades pedagógicas programadas.

La técnica empleada fue la observación directa, por cuanto permitió registrar de manera sistemática las manifestaciones relacionadas con las rutinas pedagógicas y la seguridad emocional durante el desarrollo de la jornada escolar. Como instrumento se utilizó una guía de observación estructurada con 12 ítems, distribuidos en dos variables: seis ítems para rutinas pedagógicas y seis ítems para seguridad emocional. La valoración de cada indicador se realizó mediante una escala ordinal con las categorías Sí, En proceso y No, de acuerdo con el nivel de cumplimiento observado en cada estudiante.

El procesamiento de la información se realizó mediante estadística descriptiva, utilizando frecuencias absolutas y porcentajes para organizar e interpretar los resultados obtenidos en cada uno de los ítems de la guía de observación. Durante todo el proceso investigativo se respetaron los principios éticos de confidencialidad, anonimato, voluntariedad, beneficencia y respeto por los derechos de los participantes, garantizando que la información recopilada fuera utilizada únicamente con fines académicos y científicos.

 

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

 

En esta sección se presentan los resultados obtenidos mediante la aplicación de la guía de observación a los 20 estudiantes de educación inicial pertenecientes a una unidad educativa del cantón Daule, provincia del Guayas. La información fue organizada mediante tablas de frecuencia y porcentaje para cada uno de los ítems evaluados, con el propósito de describir el comportamiento de las variables rutinas pedagógicas y seguridad emocional. Los resultados muestran una tendencia moderadamente favorable, permitiendo identificar las fortalezas y los aspectos susceptibles de mejora en el contexto educativo analizado.

 

Tabla 1: Participa en las actividades de bienvenida siguiendo la rutina establecida

 

Respuesta

Frecuencia

Porcentaje

12

60%

En proceso

6

30%

No

2

10%

Total

20

100%

 

Los resultados evidenciaron que el 60% de los estudiantes participó en las actividades de bienvenida siguiendo la rutina establecida, mientras que el 30% se encontró en proceso de lograr este comportamiento y el 10% aún no lo evidenció. Estos hallazgos indicaron que la mayoría de los niños había desarrollado una adecuada adaptación al inicio de la jornada escolar; sin embargo, un grupo reducido todavía requería acompañamiento docente para incorporarse de manera constante a las actividades iniciales.

 

Tabla 2: Cumple las normas establecidas durante la jornada escolar

 

Respuesta

Frecuencia

Porcentaje

11

55%

En proceso

7

35%

No

2

10%

Total

20

100%

 

Se observó que el 55% de los estudiantes cumplió las normas establecidas durante la jornada escolar, el 35% se encontró en proceso y el 10% aún presentó dificultades para hacerlo. Los resultados permitieron inferir que las rutinas implementadas favorecieron el respeto por las normas de convivencia; no obstante, algunos estudiantes todavía necesitaron orientación permanente para fortalecer este comportamiento.

 

Tabla 3: Sigue la secuencia de las actividades programadas por el docente

 

Respuesta

Frecuencia

Porcentaje

13

65%

En proceso

5

25%

No

2

10%

Total

20

100%

 

Los datos reflejaron que el 65% de los estudiantes siguió adecuadamente la secuencia de las actividades programadas, mientras que el 25% aún se encontraba en proceso y el 10% no logró mantener la continuidad esperada. Estos resultados evidenciaron que la organización de las rutinas pedagógicas favoreció la participación de la mayoría de los niños, aunque persistieron algunos casos que requirieron mayor acompañamiento para consolidar este hábito.

 

Tabla 4: Organiza y utiliza adecuadamente los materiales durante las actividades

 

Respuesta

Frecuencia

Porcentaje

12

60%

En proceso

7

35%

No

1

5%

Total

20

100%

 

Los resultados evidenciaron que el 60% de los estudiantes organizó y utilizó adecuadamente los materiales durante las actividades pedagógicas, mientras que el 35% se encontró en proceso y el 5% no demostró este comportamiento. Estos datos indicaron que la mayoría de los niños había desarrollado hábitos relacionados con el cuidado y uso responsable de los recursos del aula, aunque aún fue necesario fortalecer estas prácticas en algunos estudiantes mediante el acompañamiento permanente del docente.

 

Tabla 5: Realiza las transiciones entre actividades con autonomía

 

Respuesta

Frecuencia

Porcentaje

11

55%

En proceso

8

40%

No

1

5%

Total

20

100%

 

Se observó que el 55% de los estudiantes realizó de manera autónoma las transiciones entre las diferentes actividades de la jornada escolar, el 40% se encontró en proceso y el 5% aún presentó dificultades para hacerlo. Los hallazgos permitieron establecer que las rutinas pedagógicas favorecieron progresivamente la independencia de los niños; sin embargo, una parte del grupo todavía requirió apoyo para adaptarse oportunamente a los cambios de actividad.

 

Tabla 6: Participa activamente en las rutinas de cierre de la jornada escolar

 

Respuesta

Frecuencia

Porcentaje

13

65%

En proceso

6

30%

No

1

5%

Total

20

100%

 

Los resultados mostraron que el 65% de los estudiantes participó activamente en las rutinas de cierre de la jornada escolar, mientras que el 30% aún se encontró en proceso y únicamente el 5% no evidenció esta conducta. Estos datos permitieron inferir que las actividades finales fueron asumidas positivamente por la mayoría de los niños, favoreciendo la consolidación de hábitos, el orden y la organización antes de concluir la jornada educativa.

 

Tabla 7: Expresa confianza al participar en las actividades del aula

 

Respuesta

Frecuencia

Porcentaje

12

60%

En proceso

6

30%

No

2

10%

Total

20

100%

 

Los resultados evidenciaron que el 60% de los estudiantes expresó confianza al participar en las actividades del aula, mientras que el 30% se encontró en proceso y el 10% aún presentó dificultades para hacerlo. Estos hallazgos permitieron establecer que la mayoría de los niños manifestó seguridad para integrarse a las experiencias de aprendizaje; sin embargo, algunos estudiantes todavía requirieron mayor acompañamiento afectivo para fortalecer su participación.

 

Tabla 8: Interactúa de manera respetuosa con sus compañeros

 

Respuesta

Frecuencia

Porcentaje

13

65%

En proceso

5

25%

No

2

10%

Total

20

100%

 

Se observó que el 65% de los estudiantes interactuó de manera respetuosa con sus compañeros, el 25% se encontró en proceso y el 10% no evidenció este comportamiento de forma constante. Los resultados indicaron que la convivencia escolar fue favorable para la mayor parte del grupo, favoreciendo relaciones basadas en el respeto y la cooperación durante el desarrollo de las actividades pedagógicas.

 

Tabla 9: Expresa sus emociones de forma adecuada durante la jornada escolar

 

Respuesta

Frecuencia

Porcentaje

11

55%

En proceso

7

35%

No

2

10%

Total

20

100%

 

Los resultados mostraron que el 55% de los estudiantes expresó adecuadamente sus emociones durante la jornada escolar, mientras que el 35% aún se encontró en proceso y el 10% presentó dificultades para comunicar sus estados emocionales. Estos datos reflejaron que la mayoría de los niños logró expresar sus emociones de manera apropiada; no obstante, algunos estudiantes requirieron estrategias pedagógicas que fortalecieran su regulación emocional y comunicación afectiva.

 

Tabla 10: Solicita apoyo al docente cuando lo necesita

 

Respuesta

Frecuencia

Porcentaje

14

70%

En proceso

5

25%

No

1

5%

Total

20

100%

 

Los hallazgos evidenciaron que el 70% de los estudiantes solicitó apoyo al docente cuando lo necesitó, el 25% se encontró en proceso y únicamente el 5% no manifestó este comportamiento. Estos resultados permitieron inferir que la mayoría de los niños reconoció al docente como una figura de confianza, favoreciendo la búsqueda de ayuda y el fortalecimiento de vínculos afectivos dentro del contexto escolar.

 

Tabla 11: Se adapta con tranquilidad a los cambios de actividad

 

Respuesta

Frecuencia

Porcentaje

12

60%

En proceso

6

30%

No

2

10%

Total

20

100%

 

Se evidenció que el 60% de los estudiantes se adaptó con tranquilidad a los cambios de actividad, mientras que el 30% se encontró en proceso y el 10% aún presentó dificultades para afrontar las transiciones durante la jornada escolar. Estos resultados indicaron que la mayoría de los niños logró responder positivamente a los cambios planificados; sin embargo, algunos aún necesitaron mayor orientación para fortalecer su capacidad de adaptación.

 

Tabla 12: Permanece seguro y participativo durante las actividades pedagógicas

 

Respuesta

Frecuencia

Porcentaje

13

65%

En proceso

6

30%

No

1

5%

Total

20

100%

 

Los resultados evidenciaron que el 65% de los estudiantes permaneció seguro y participativo durante las actividades pedagógicas, mientras que el 30% se encontró en proceso y únicamente el 5% no manifestó este comportamiento. Estos hallazgos permitieron concluir que la seguridad emocional se presentó de manera favorable en la mayoría de los niños, favoreciendo su participación, interacción y confianza durante el desarrollo de las actividades escolares.

Los resultados obtenidos en la variable rutinas pedagógicas evidenciaron que la mayoría de los estudiantes participó activamente en las actividades de bienvenida, siguió la secuencia de las tareas y cumplió las normas establecidas durante la jornada escolar. Estos hallazgos coinciden con lo expuesto por Tomalá et al. (2025), quienes sostuvieron que las rutinas pedagógicas organizadas favorecen la participación infantil y la adquisición progresiva de hábitos dentro del aula. En la investigación realizada, se constató que la planificación sistemática de las actividades permitió fortalecer la organización de los estudiantes y facilitar su adaptación al contexto educativo.

Los resultados también mostraron que la organización y el uso adecuado de los materiales fueron evidenciados por la mayor parte de los estudiantes, mientras que un grupo menor aún se encontraba en proceso de consolidar este comportamiento. Estos hallazgos guardaron relación con lo planteado por Ruano (2026), quien señaló que las rutinas pedagógicas fortalecen la autonomía y la responsabilidad durante el desarrollo de las actividades escolares. En consecuencia, se interpretó que la práctica constante de acciones organizadas favoreció el desarrollo de hábitos que contribuyeron al mejor desempeño de los niños durante la jornada educativa.

Respecto a las transiciones entre actividades, los resultados reflejaron que la mayoría de los estudiantes logró adaptarse de manera autónoma a los cambios programados, aunque algunos todavía requirieron apoyo docente. Este comportamiento fue consistente con lo planteado por Tekerci y Yildirim (2026), quienes afirmaron que las rutinas estructuradas proporcionan estabilidad y reducen la incertidumbre durante la permanencia de los niños en el aula. En este estudio se evidenció que una adecuada planificación favoreció la continuidad de las actividades y disminuyó las dificultades asociadas a los cambios de una experiencia de aprendizaje a otra.

En relación con las rutinas de cierre de la jornada escolar, predominó la categoría Sí, lo que permitió identificar una participación favorable de los estudiantes en las actividades finales. Este resultado coincidió con los planteamientos de Tomalá et al. (2025), quienes indicaron que las rutinas diarias fortalecen la adquisición de hábitos y consolidan aprendizajes mediante la repetición organizada de experiencias educativas. A partir de ello, se consideró que las actividades de cierre favorecieron la reflexión, el orden y la preparación de los niños para concluir la jornada escolar de manera organizada.

De forma general, los resultados obtenidos en la variable rutinas pedagógicas evidenciaron una tendencia favorable, caracterizada por el predominio de respuestas positivas en los seis indicadores evaluados. Esta situación permitió inferir que la aplicación sistemática de rutinas contribuyó a fortalecer la organización del aula, la autonomía y la participación de los estudiantes. En consecuencia, se confirmó que las rutinas pedagógicas constituyeron un elemento fundamental para generar ambientes de aprendizaje estructurados y acordes con las necesidades de los niños de educación inicial.

En cuanto a la variable seguridad emocional, los resultados evidenciaron que la mayoría de los estudiantes expresó confianza al participar en las actividades del aula y manifestó disposición para interactuar con sus compañeros. Estos hallazgos coincidieron con lo expuesto por Dias et al. (2024), quienes señalaron que los ambientes educativos caracterizados por la estabilidad y el acompañamiento docente favorecen el bienestar emocional y la participación infantil. En el presente estudio se observó que la existencia de un entorno organizado permitió que los niños actuaran con mayor seguridad durante las experiencias de aprendizaje.

Los resultados relacionados con la expresión de emociones mostraron que la mayor parte de los estudiantes logró comunicar adecuadamente sus estados emocionales, mientras que un grupo reducido permaneció en proceso de desarrollar esta competencia. Este comportamiento fue consistente con lo planteado por Hosokawa (2024), quien destacó que la seguridad emocional favorece la regulación afectiva y fortalece las relaciones interpersonales durante la primera infancia. En este sentido, se interpretó que el clima generado en el aula contribuyó al desarrollo progresivo de estas capacidades.

Otro hallazgo relevante correspondió a la solicitud de apoyo al docente, donde predominó la categoría Sí, reflejando que los estudiantes reconocieron al profesor como una figura de confianza. Este resultado coincidió con los planteamientos de la teoría del apego de Bowlby (1988), la cual sostiene que las relaciones afectivas seguras favorecen la exploración, la confianza y la regulación emocional. En la investigación se evidenció que el acompañamiento docente fortaleció el vínculo afectivo con los estudiantes y promovió una mayor sensación de seguridad durante la jornada escolar.

Respecto a la adaptación a los cambios de actividad y a la permanencia segura y participativa durante la jornada escolar, los resultados reflejaron una tendencia favorable en la mayoría de los estudiantes. Estos hallazgos fueron coherentes con la teoría del aprendizaje social de Bandura (1986), que explica que los comportamientos se fortalecen mediante la observación y la interacción con modelos positivos. Se consideró que la actuación del docente y la organización de las rutinas favorecieron el aprendizaje de conductas relacionadas con la confianza, la participación y la convivencia escolar.

En términos generales, la discusión permitió establecer que los resultados obtenidos respaldaron el objetivo de la investigación al evidenciar que las rutinas pedagógicas favorecieron el desarrollo de la seguridad emocional en los estudiantes de educación inicial. La organización sistemática de las actividades, la existencia de ambientes predecibles y el acompañamiento permanente del docente contribuyeron a fortalecer la confianza, la adaptación y la participación de los niños durante la jornada escolar. En consecuencia, se interpretó que ambas variables mantuvieron una relación favorable, destacando la importancia de fortalecer las rutinas pedagógicas como estrategia para promover el bienestar socioemocional en la educación inicial.

 

CONCLUSIÓN

 

La investigación permitió concluir que las rutinas pedagógicas constituyeron un elemento fundamental para la organización del proceso educativo en los estudiantes de educación inicial, debido a que favorecieron la participación, el cumplimiento de normas, la adquisición de hábitos y la adaptación a las diferentes actividades desarrolladas durante la jornada escolar. Los resultados obtenidos evidenciaron una tendencia favorable en la mayoría de los indicadores evaluados, lo que permitió cumplir con el objetivo planteado en el estudio.

Asimismo, se concluyó que la seguridad emocional se manifestó de manera favorable en la mayor parte de los estudiantes, reflejándose en la confianza para participar en las actividades, la interacción positiva con sus compañeros, la adecuada expresión de emociones y la capacidad para solicitar apoyo al docente cuando fue necesario. Estos resultados evidenciaron que un ambiente escolar organizado y afectivamente seguro favoreció el bienestar y el desarrollo socioemocional de los niños.

Finalmente, se determinó que las rutinas pedagógicas contribuyeron al fortalecimiento de la seguridad emocional de los estudiantes de educación inicial. La organización sistemática de las actividades, el establecimiento de secuencias predecibles y el acompañamiento permanente del docente promovieron un entorno de confianza que facilitó la adaptación, la participación y el desarrollo integral de los niños, permitiendo alcanzar el objetivo general de la investigación.

Como recomendación, se sugiere que los docentes planifiquen e implementen rutinas pedagógicas estructuradas, flexibles y acordes con las características evolutivas de los estudiantes, incorporando actividades que promuevan la participación, la autonomía y el fortalecimiento de las habilidades socioemocionales durante toda la jornada escolar.

De igual manera, se recomienda a los directivos de las instituciones educativas promover espacios de capacitación dirigidos al personal docente sobre estrategias metodológicas orientadas al fortalecimiento de las rutinas pedagógicas y la seguridad emocional, con el propósito de consolidar ambientes de aprendizaje caracterizados por la estabilidad, el respeto y el bienestar de los estudiantes.

La presente investigación tiene importantes implicaciones prácticas para la educación inicial, ya que evidencia la necesidad de integrar las rutinas pedagógicas como un componente permanente de la planificación docente. Su adecuada implementación favorecerá el desarrollo de ambientes educativos emocionalmente seguros, fortalecerá las relaciones entre docentes y estudiantes y contribuirá al desarrollo integral de los niños, mejorando la calidad de los procesos educativos dentro de la institución.

 

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